La sentencia es alarmante: por primera vez desde el torneo fundacional de Wimbledon en 1877, este año no habrá habido tenistas con revés a una mano en semifinales de los Grand Slams masculinos. La racha de 150 años se derrumbó con la eliminación de Stefanos Tsitsipas (53°; ex3°) en los octavos de final del US Open a manos del local Ben Shelton (9°).
El propio griego había avisado en sus redes sociales: “Tengo una racha de 150 años que salvar”. También recordó en Nueva York lo que le dijo, con humor, al búlgaro Grigor Dimitrov (137°; ex3°): “Cada década vamos a menos: somos como dinosaurios que se extinguen”.
Los números están ahí: sólo cinco varones entre los cien mejores del ranking ATP usan revés a una mano. El mejor de la especie es el italiano Lorenzo Musetti (14°) y apenas está acompañado por el canadiense Denis Shapovalov (48°), el propio Tsitsipas, el alemán Daniel Altmaier (57°) y el estadounidense Aleksandar Kovacevic (84°).
Ningún top 10 del presente lo practica. Tsitsipas, con franqueza, admitió que ni contemplaría ejecutar la variante híbrida de la francesa Diane Parry -una de las cuatro mujeres top 100 con revés de una mano-, quien usa dos manos en la devolución y cambia a una para el desarrollo de los puntos: “Yo no sería capaz: es demasiado trabajo. Confieso que nuestro golpe está desapareciendo”.
Ampliar el espectro dimensiona un poco más: el revés a una mano está en el repertorio de apenas 19 jugadores del top 300 de la ATP, cuando hace una década había alrededor de 60 intérpretes y, según Tsitsipas, en los años ’50 rondaba “un 97% o un 98%”. El suizo Remy Bertola (174°), un superviviente, reveló en un reportaje con Clay que se inspiró en Roger Federer: “Juego con una mano por mi ídolo Roger. Es más difícil porque requiere mayor coordinación y es más estético, pero ahora no quedamos muchos”.
El propio Federer, uno de los grandes exponentes del revés a una mano, hizo un doble clic en el diagnóstico: “Hacer cambios técnicos lleva demasiado tiempo y se vuelve frustrante. Hoy todo tiene que suceder de inmediato. Cuando era niño el 90 por ciento de los entrenadores usaban una mano; ahora es al revés”.
Argentina es un caso testigo. De tener infinitos referentes en el rubro como Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Gastón Gaudio, José Luis Clerc, Mariano Puerta, Martín Jaite, entre varios más, hoy el jugador de mayor ranking con revés de una mano es Nicolás Kicker, de 34 años y actual 329° del mundo, pero tiene 23 jugadores por encima de sí en el listado de la ATP. El recambio es casi inexistente: entre los jóvenes sólo están Luna Cinalli, de 18 años y 743ª, y Máximo Zeitune, de 20 y actual 484°. En dobles resiste Horacio Zeballos, cuya vigencia lo mantiene como el 3° del mundo, pero ya celebró 41 calendarios.
En la palabra de su padre y formador Horacio, director del Edison Lawn Tenis de Mar del Plata, reside parte de la respuesta: “Los chicos empiezan con menor edad y tienen menos fuerza para sostener el golpe, aunque también ocurre en los más grandes: si bien hay menos alcance, con dos manos se aprende más rápido y otorga más control”.
Elige matizar, sin embargo, con una salvedad: “Hay dos de cada diez jugadores que sienten más soltura con una mano. Es necesario detectarlos y darles tiempo para adaptarse. El ejemplo es Pete Sampras: empezó con dos manos y después se sintió mejor con una”.
Alguna vez lo explicó con sabiduría Tito Vázquez, dúctil jugador de los años ’70 y dos veces capitán de la Copa Davis: “Los que juegan con revés a una mano tienen mejor respuesta en el tiro cruzado, con mayor aceleración y mejores ángulos. Debería jugarse más, pero la cultura del tenis tiene instalado el de dos manos: se puso de moda porque los chicos empiezan cada vez más jóvenes y la raqueta pesa mucho. Si se emplearan raquetas más livianas y canchas más chicas se podría volver al de una mano, que en definitiva tiene más ventajas”.
Daniel Vitale, entrenador a cargo de la escuela municipal de tenis de Balcarce, ubica el origen del cambio de época en la etapa del aprendizaje: “Con dos manos el chico se percibe capaz de pasar la pelota del otro lado”.
Exreferente del Real Automóvil Club Español de San Sebastián de los Reyes, al norte de Madrid, el coach sostiene que hay una alarma en la intolerancia de un presente de ligereza absoluta: “Los chicos no tienen paciencia si no les sale el golpe, aunque les expliques que el revés de una mano tiene más explosión, mejores ángulos y menor lectura del tiro para el rival”.
Y arrojó una sentencia que se acomoda a los tiempos de velocidad creciente en el juego: “El revés de una mano tiene más debilidades en niveles altos por la velocidad: si el juego se basa en pegarle cada vez más fuerte, el jugador de una mano sufre en la devolución o en posiciones defensivas”.
¿Hay esperanza? Vitale ensayó una tesis para la pervivencia del revés a una mano: el valor de lo diferente. “Se trata de convencer a los chicos, en el desarrollo, de que pueden sacar ventajas por el hecho de que hay pocos jugadores de una mano: si hay pocos entonces pueden distinguirse”. Quizá allí habite el mayor refugio para los dinosaurios.

