La era post Pelé la sufrió Brasil 24 años, hasta la consagración de 1994 en Estados Unidos. El equipo de Telé Santana en 1982, más allá de la polémica y violenta victoria sobre Argentina, fue un oasis, en el juego, no en el resultado.
La era post Maradona tardó 36 años, si hablamos estrictamente de títulos del mundo. Desde la coronación en México ’86 hasta la tercera estrella en Qatar. En el medio hubo un subcampeonato épico pero de un equipo que, para ser realistas, jugó mal en Italia ’90. Y el subcampeonato de Brasil que en ese momento se vivió más como frustración que como logro.
Si esa era post Diego la contamos desde su último Mundial, cuando lo sacaron de Estados Unidos en 1994, duró 28 años. Messi llegó antes, pero recién desde la confirmación de Lionel Scaloni como DT, el Maracanazo en la Copa América y sobre todo, desde la consagración en 2022, se puede hablar del Leo realmente aprovechado para la Selección. En ese tiempo el oasis futbolístico para Argentina fue el Mundial 2006, en Alemania, donde fue el mejor equipo hasta su eliminación invicto tras la derrota por penales ante los locales. La imperdonable salida de Riquelme y la no entrada del propio Messi fue la mancha para un Pekerman que igual fue fundamental en esa transición y, paradójicamente, clave para la formación del cuerpo técnico que muchos años después le dio un viraje a la historia.
Para el fin de ese trauma de la era post Maradona y el no aprovechamiento de Messi, que no lucía en la Selección mientras deslumbraba en Barcelona y al mundo, fue fundamental Scaloni. Hasta ahí hubo errores conceptuales graves de los seleccionadores nacionales, de comunicadores y dirigentes. Se le hizo creer demasiado temprano a Messi que podía ser capitán, líder, conductor. Se lo cargó de toda la mochila muy prematuramente, mientras en Barcelona quienes conducían y lo dejaban fluir en libertad eran Xavi e Iniesta. El primer gran acierto de Scaloni, desde que asumió, a la par de una madurez personal que empezó a gestarse en el propio Messi, fue rodearlo de generadores de juego para que todo el peso no recayera en él. Una Selección al servicio de Messi pero, paradójicamente, no Messi dependiente. Lo Celso, Paredes, De Paul, Lautaro, la continuidad de Di María, luego Mac Allister, Enzo Fernández, Julián. Ya no tuvo que hacer todo Leo, al tiempo que él mismo ya sí empezó a asumir la condición de líder también afuera de la cancha, justamente con la mochila que le sacó de encima el cuerpo técnico de Scaloni. Eso ya empezó a verse no en el primer título, en el Maracanazo, sino en la Copa América anterior, la de 2019, a pesar de que el equipo quedó en el camino antes de la final.
Empieza ahora la era post Messi. ¿Cuánto durará? Ya no habrá que pensar en que aparezca un fenómeno único parecido a él mismo o a Diego. Será el tiempo de superar el duelo con un equipo, con un proyecto, con una idea. Y por eso -porque es muy improbable que surja un nuevo Maradona o un nuevo Messi, al menos en el corto plazo- es más imprescindible que nunca la continuidad de este cuerpo técnico, con Lionel Scaloni al frente. Para que la transición sea más corta, para que la Selección pueda incluso aspirar a ser candidata en la próxima Copa del Mundo, es necesario la continuidad de la idea. Después de Menotti se rompió un proyecto, porque llegó la antítesis como entrenador, Bilardo, más allá de los resultados. Después hubo vaivenes de estilos, el proyecto en serio fue Pekerman y quedó trunco en Alemania. Pero su hilo conductor es este cuerpo técnico con Scaloni, Aimar, Samuel y Ayala. Ellos terminaron con el trauma de la era post Maradona. El gran desafío será también terminar con la era post Messi. Quizá la dimensión de este nuevo reto sea un estímulo extra para que Scaloni acepte continuar.

