El primer título de Kaitlin Quevedo en el circuito WTA tendrá una celebración frugal. Casi sin espacio para saborear su victoria de este lunes contra la argentina Nadia Podoroska (4-6, 6-4 y 6-2 en 2h09), en la final del 250 de São Paulo (Brasil) que tuvo que ser aplazada el domingo por la lluvia, la española tendrá que subirse a un avión rumbo a Shenzhen (China), donde se la espera este miércoles para las Finales de la Billie Jean King Cup que España empieza a disputar ese día (cuartos de final contra Kazajizstán).
Por momentos pareció que comparecería allí con cara de circunstancias, porque el arranque de partido no fue favorable a los intereses de la 90ª raqueta del mundo. Muy desafinada con el saque, en una tónica que se mantendría casi todo el choque, la nacida en Florida, que jugaba su primera final en la gira a los 20 años (la española más joven en disputar un partido por el título desde Garbiñe en 2014), perdió tres juegos seguidos de salida, dos de ellos con su servicio.
Podoroska, veterana de mil batallas a sus 29 primaveras por mucho que luzca ahora un ranking discreto (empezó la semana en la 200ª plaza), semifinalista de Roland Garros en 2020, sacaba punta a cada error de su rival con su tenis pragmático, desprovisto de florituras. Si el concepto del argentino ‘canchero’, tan manido en el fútbol, tuviera una encarnación tenística sería ella. Pese a que hubo cierta reacción de Quevedo a partir del 3-0, el primer set acabó en su haber.
A first tour level TITLE 🏆
Kaitlin Quevedo is the champion in Sao Paulo 👏#SPOpen pic.twitter.com/aeZ2mPaS0S
— wta (@WTA) September 21, 2026
El viento empezó a cambiar de dirección cuando más negro estaba el panorama. La española había entregado de nuevo su saque en el primer envite de la segunda manga y además en blanco. Lo recuperó acto seguido en un juego maratoniano. Entonces el factor físico, los nueve años de diferencia que se llevan ambas, unido a los 30º con casi un 60% de humedad que convertían en un infierno la Quadra Central Maria Esther Bueno, desangelada por el horario (11 de la mañana en la urbe paulista) y la coincidencia con una final de dobles que involucraba a la local Stefani, entraron en la ecuación.
Quevedo salvó los muebles en un quinto juego psicodélico en el que llegó a cometer cuatro dobles faltas, la última de ellas completada con una bola que no salió del estadio por poco. No hay error demasiado grosero si la dicha es buena, podría adaptarse el refranero, porque se adjudicó ese y después el décimo al resto para forzar un tercer set que tuvo poca historia. Se juntó el auge de una con el bajón de otra y salió un 5-0 con dos quiebres que le puso el trofeo en bandeja a Kaitlin. Le costó, pero remató, y España recibirá en las próximas horas una nueva arma para enfrentar a Kazajistán.
“Nadia es una gran jugadora y una gran persona aunque la conozco poco. Gracias a toda la gente que no se ve. Ha sido una semana difícil con la lluvia. Gracias a mi entrenador, mi familia y equipo. Es increíble como el deporte puede unir a un mundo con muchas desigualdades”, acertó a decir antes de que afloraran las lágrimas de emoción en sus ojos. A Shenzhen cansada, pero feliz.
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