José Almagro tiene los ojos grandes y un brillo muy especial en la mirada. Del que está de vuelta. Del que está de vuelta de un cáncer complicado, un glioma de grado cuatro. Un tumor cerebral del que va pasando página, entre otras cosas, a través del deporte ya que está participando en la Skoda Titan Desert Almería con el equipo ‘Una rosa contra el desierto’ que reúne a seis supervivientes de la enfermedad y a la vez que visibiliza la enfermedad (“contra el cáncer no se puede luchar, pero sí contra sus consecuencias”, dice) recauda fondos para ‘Cris contra el cáncer’ destinados a la investigación.
Almagro (Madrid 45 años, que está en los puestos de cabeza y acabó 13º la primera etapa, compitió como profesional en el equipo de guerrilleros del Relax Fuenlabrada en 2005 y 2006, se pasó luego al duatlón y el triatlón, trabaja como secretario general de la Federación de Ciclismo de Madrid y estos días mete rueda a excompañeros como Luis León Sánchez, Luis Ángel Maté o Dani Moreno. “Para mí, después de lo que ha pasado, el proyecto de una ‘Rosa contra el desierto’ me tiene muy ilusionado, porque está dentro de lo que me gusta, el deporte y volver a competir”, explica lleno de vida pero con siempre con la mosca detrás de la oreja cuando debe pasar su revisión trimestral.
“De un día para otro ves que tienes una enfermedad importante, aunque yo me sentía bien, tampoco sentía nada especial. Me enteré al día siguiente de competir en una prueba de ámbito nacional de duatlón. Estaba bien y al día siguiente me dieron unas convulsiones. De repente, estás compitiendo el domingo y el lunes tienes cáncer”, relata mientras se quita la gorra para enseñar “el agujero” que le ha dejado en el cráneo la intervención a la que siguieron la quimio y la radioterapia. “No voy a decir que el deporte me haya salvado la vida, aunque nunca dejé de entrenar y me propuse estar fuerte para el tratamiento. Pero sí que me ha ayudado mucho a nivel mental. Cuando me operaron me dijeron que tenía que estar un mes sin que me subiera el pulso, no más de 100 pulsaciones para que la cicatrizara la herida y me dediqué a caminar, porque siento la necesidad de hacer deporte”, recuerda.
Lo atestigua su físico de tirillas, como si aún estuviese en las filas del equipo de los hermanos Pérez y posteriormente de Jesús Suárez Cuevas. La Titan entró en sus planes cuando se puso en contacto con él Mireia Fernández. Ella corrió la Titan Almería del año pasado con una rosa en un bolsillo de su maillot en recuerdo a una amiga (con el mismo nombre que la flor) fallecida y a quien el cáncer venció antes de la carrera. La cuidó hasta el final para depositarla en el mar. Ese fue el germen de ‘Una rosa para el desierto’ que pretende dar visibilidad a la importancia de la investigación, para que, al igual que los miembros del equipo muchas más personas puedan tener una segunda oportunidad de seguir cumpliendo sueños. Como el de Almagro. “Para mí, la Titan ha sido un regalo”, recuerda mientras cita a los que le han ayudado a hacer el camino: Una rosa para el desierto, Bike Town, Specialized, Cris contra el cáncer, Divertia Smile y Keepgoing. Los apoyos para continuar con su historia en Almería.
Donaciones a Una rosa contra el desierto
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