Rubén Darío Insua asume por tercera vez la dirección técnica de San Lorenzo y bate un record: es el cuarto entrenador del Ciclón en lo que del año después de los ciclos de Damián Ayude (29 partidos), Gustavo Álvarez (13) y Néstor Gorosito (8). El banco azulgrana es una puerta giratoria: 17 técnicos pasaron por el cargo en los últimos diez años. Y sólo Insua en su segundo ciclo pudo superar el año en el cargo. Los dieciseis anteriores debieron irse antes.
Ningún club en 2026 cambió tanto de técnico como San Lorenzo. Ni siquiera River que tuvo tres entrenadores titulares (Gallardo, Coudet y Ponzio) al igual que Talleres de Córdoba (Tevez, Sampaoli y De Felippe), Aldosivi (Farré, Damonte y Sanguinetti) y Estudiantes de Río Cuarto (Delfino, Acuña y Forestello). En la Primera Nacional, quince equipos tuvieron tres técnicos en lo que va de la temporada. Ninguno cuatro como el Ciclón.
El problema es que los malos resultados deportivos y los planteles reforzados de apuro parecen ser la consecuencia y no la causa de una crisis política todavía más grande que la futbolística y que viene afectando a San Lorenzo desde hace casi cincuenta años. Dirigencias enfrascadas en ásperas internas, pésimas decisiones institucionales y deportivas y la falta de un proyecto que ordene la institución en tal sentido han agotado la paciencia de sus miles de socios e hinchas.
Desde 2016, han habido seis presidentes (Matías Lammens, Marcelo Tinelli, Horacio Arreceygor, Marcelo Moretti, Sergio Constantino y ahora Marcelo Culotta). Cada uno vino con su receta pero ninguno cumplió aquello que prometió ni hizo más grande al club, más bien todo lo contrario. El pasivo azulgrana asciende a 67 millones de dólares, el club ha entrado tarde a los últimos mercados de pases por estar constantemente inhibido y nadie tiene un plan para superar todo esto.
Y hay otro tema: en los últimos tiempos, algunos representantes avanzaron hasta convertir a San Lorenzo en una plataforma de negocios más o menos turbios con la tolerancia de algunos dirigentes. En el receso por la Copa del Mundo, Gustavo Álvarez debió dejar la dirección técnica cuando quiso y no pudo marginar del plantel a un grupo de jugadores que manejaba el representante Pascual Lezcano. El dislate llegó a ser tal que en el ciclo de Moretti como presidente (y tal vez en algunos anteriores) se hicieron contrataciones para reforzar la reserva. Lo que no hubiera estado mal si se tratara de juveniles de 17 o 18 años y no de futbolistas de tercera línea de 28 a 30 años.
Insua asume en medio de este tembladeral. Lo sufrió como jugador cuando se fue al descenso en 1981 y volvió un año más tarde y como técnico en sus dos etapas anteriores (2002/2003 y 2022/2024). Es un hombre de palabra respetada en el club. Pero eso no garantiza nada. Tiene una tarea inminente: clasificar al equipo a los playoffs por el título y arrimarlo en lo posible a la Copa Sudamericana (está a seis puntos del último puesto).
Hará lo que pueda, lo que esté a su alcance. Al San Lorenzo de estos tiempos lo sostiene unicamente su historia gloriosa y la pasión a prueba de todo de su gente. Después, no parece haber mucho más que eso.

