Cuando todavía era un adolescente, Héctor Álvarez preguntó a los responsables de la Federación: “¿Qué tengo que hacer para ser olímpico?”. Con esa claridad de ideas sobre su futuro, los técnicos de la RFEC le recomendaron integrarse en el CEAR de Valencia, en el Velódromo Lluís Puig, donde trabajan principalmente los pistards españoles, pero también corredores de otras disciplinas. Aquel ambicioso muchacho, hoy de 19 años, compite esta semana con la Selección absoluta en los Mundiales de pista, donde participará en persecución y puntuación, pero antes ha brillado, ¡y de qué manera!, en el ciclismo de ruta. Héctor ganó el domingo la París-Tours sub-23 enfundado en el maillot de campeón de Europa, después de conquistar en las dos últimas semanas el doble oro continental en fondo y en contrarreloj, que añadió a su plata y su bronce en los Mundiales. Cuatro medallas.
Álvarez ha sido uno de los nombres propios que ha elevado a España al primer puesto del medallero en los Mundiales de Montreal y en los Europeos de Liubliana, una posición inédita en la historia del ciclismo nacional. “Ha sido extraordinario, algo nunca visto en nuestro país”, resalta Félix García Casas, director técnico de la Federación, uno de los responsables de que la expedición haya vuelto con diez medallas, cinco en cada campeonato. A los cuatro podios de Héctor hay que añadir tres oros de Benjamín Noval en categoría júnior, con el doblete mundial como gran gesta; dos oros de Alejandra Neira; y una plata de Aitor Martínez.
“Las cosas no pasan por casualidad”, apuntilla García Casas. Efectivamente, no han sido resultados espontáneos. El ciclismo español lleva tres años consecutivos sumando medallas en Mundiales y Europeos en las categorías júnior y sub-23, hasta alcanzar 21 podios. La fértil recolecta de este trienio tiene notas comunes: siempre hubo oros, hasta un total de 13, y siempre hubo medallas femeninas, en concreto 10. Algo está cambiando.
“Estos resultados responden a la evolución del ciclismo femenino, que ahora tiene más carreras, más visibilidad, más apoyos… En los campeonatos recogemos el producto de esa continuidad. El año pasado, en Kigali, tuvimos medallas en las tres categorías con Mavi García, Paula Blasi y Paula Ostiz, y ahora ha tomado ese relevo Alejandra Neira”, explica Gema Pascual, la seleccionadora femenina.
Este crecimiento también repercute en beneficio de la cantera. “Que las niñas tengan sus propias carreras y tengan dónde mirarse es importante”, dice Pascual. Una opinión que ratifica García Casas: “Blasi fue campeona sub-23 el pasado año y en este ya ha brillado en la élite. Así se convierte en un modelo para ese desarrollo. Antes solo había referentes en hombres, ahora los hay también en mujeres. Las niñas ya pueden decir: ‘Yo quiero ser Blasi”.
José Vicioso, presidente de la RFEC, opina que los éxitos han aumentado gracias al cambio de modelo federativo: “Hay un planteamiento que tenía claro cuando llegué: la profesionalización de los técnicos. Que hubiera una mayor dedicación para poder planificar con los ciclistas y con los equipos para los campeonatos. Hay equipos que ayudan más, otros no tanto, pero tiene que existir ese trabajo en común. Los resultados han llegado antes incluso de lo esperado. No podemos menospreciar la labor anterior, pero hay una gran diferencia en la manera de hacerlo. Y creo que hemos dado con la clave”.
Los clubes. García Casas también señala “la dedicación exclusiva de los técnicos” como un secreto del éxito. “Eso permite estar presente en más eventos, y más contactos con los equipos de los ciclistas, una planificación conjunta”, explica el director federativo. Esos clubes de origen tienen su responsabilidad en los resultados. En una época en la que cada vez hay menos clubes, “el talento se aglutina en estructuras más potentes que concentran a los mejores”. En ese sentido destacan el Cafés Baqué, en el País Vasco; el Mirat, en Salamanca; el Picusa, en Galicia; la Fundación Contador, en Madrid, o el MMR Academy, en Asturias…
El ciclismo profesional ha cambiado mucho en los últimos años. Ahora, el desembarco es cada vez más temprano. Ahí tenemos el ejemplo de Paul Seixas, que acaba de ganar el Giro de Lombardía con 20 años recién cumplidos. Eso puede afectar positivamente en los resultados españoles, que tira de ciclistas como Héctor Álvarez, Aitor Martínez y Benjamín Noval, con un pie ya en profesionales, pero también acarrea efectos negativos, porque estos corredores ya no podrán competir en campeonatos sub-23 cuando empiecen en el WorldTour. “Y luego hay otro problema, porque hay ciclistas de maduración más tardía que se van a perder por el camino, y eso nos preocupa, porque la Federación no tiene como objetivo la inmediatez”, avisa Vicioso.
Polivalencia.
El presidente de la RFEC tiene claro que el ciclismo español otea un brillante futuro. Y no solo por los últimos éxitos. “Noval ha demostrado algo increíble, atesora mucha calidad, pero hay otros a nivel nacional que también la tienen, como Pablo Torres o Adrià Pericas. El talento lo hemos tenido siempre, aunque no se haya reflejado en unos Mundiales o no hayan dispuesto de esa oportunidad”, explica José Vicioso.
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El perfil del ciclista español, eso sí, cada vez se parece más a la tendencia mundial, con corredores polivalentes capaces de lucir en distintas disciplinas. “Tenemos los casos recientes de Héctor Álvarez, que compagina la ruta con la pista, y de Benjamín Noval, que brilla en ciclocrós. Eso era antes impensable, pero ahora es la tendencia. Tienes que hacer de todo”, comentaba García Casas, antes de tomar un avión para viajar a Shanghái junto a Vicioso para seguir los Mundiales de ciclismo en pista, donde espera continuar la fiesta. Y la polivalencia.
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