El extenista y entrenador Juan Carlos Ferrero ha lanzado este miércoles su libro ‘Mentalidad Ganadora’ (Planeta) en la que repasa su carrera como jugador y también como entrenador, recordando también la relación que mantuvo con Carlos Alcaraz hasta finales del año pasado y ayudándole a alcanzar la cima del tenis, al igual que él hiciese en su etapa como profesional.
En este libro Ferrero comparte el método de trabajo que le llevó a triunfar primero como jugador y después como técnico. “Por eso, partiendo de las vivencias que he acumulado a lo largo de mi carrera, quiero reflejar en este libro los valores y el método de trabajo que me han ayudado a alcanzar la cima del tenis dos veces, con papeles muy distintos, pero siempre siguiendo el mismo camino: el que marcan el trabajo diario y la ilusión para construir una mentalidad ganadora. Junto al relato de los principales episodios de mi vida deportiva, el lector de este libro va a encontrar muchas lecciones sobre la alta competición y la vida en un entorno tan exigente como lo es el circuito del tenis profesional. […] Para triunfar en él, hacen falta, además de talento y condiciones físicas, un sentido extremo de la disciplina y del autocontrol. A diferencia de otros deportes, en el nuestro no hay sitio para los temperamentos inestables […]”.
Un camino al éxito en el que Ferrero destaca la importancia de la motivación pero, sobre todo, de la disciplina. “Sin tomarle el pulso al circuito ni acompañar en el día a día al tenista es difícil ayudarlo para que pueda rendir al máximo, y eso es lo que yo quiero, por lo que me aplico una máxima sobre la que ya hablaré con detenimiento: una vez que la motivación decae, la disciplina debe estar ahí para tomar el relevo”.
Ferrero también relata en el libro que no supo gestionar las derrotas como le gustaría: “Esa incapacidad para gestionar las derrotas me ha lastrado personalmente y me da pena no haber sido capaz de vivir con más naturalidad el hecho de ganar o perder. Aunque fuera en las últimas etapas de mi carrera, debería haber alcanzado la madurez para asumir que el tenis es un deporte en el que, si tú has dado todo lo que tenías dentro, tienes que estar satisfecho, independientemente del resultado; pero lo cierto es que nunca lo logré. He conseguido aceptar la naturaleza inevitable de la derrota solo mucho después, gracias al hecho de ser entrenador y a una reflexión más fría sobre el deporte y mis propias vivencias. Ahora que trabajo con jugadores y que estoy dedicado a la tarea de educar a mis propios hijos, he desarrollado una visión más equilibrada sobre la responsabilidad, la culpa y la derrota”.
El técnico también incide en la importancia de la disciplina por encima del talento como el principal pilar de la carrera de un deportista. “Por eso siempre digo que el talento es fundamental y ningún jugador llega a lo más alto sin una cierta dosis de este, pero la disciplina y una buena actitud son capaces de compensar muchas carencias. En la vida de un tenista tiene que primar la motivación. Motivación para no abandonar el régimen de sacrificios que impone nuestra disciplina desde la niñez. Pero junto con esa motivación hay que construir los cimientos de la disciplina, porque cuando baja la motivación (y bajará), debe quedar la disciplina si queremos que el edificio se sostenga”.
Un Ferrero que admite también momentos de autoexigencia y de muchas dudas consigo mismo en cuanto a resultados deportivos. “Hay un momento en la carrera de todo deportista en el cual te topas de bruces con la pared de tu propia autoexigencia. A mí me ocurrió durante el periodo que arrancó en 2003 y que se prolongó durante seis años. Fue una etapa que realmente se podría dividir en múltiples subetapas, porque hubo momentos mejores y peores, pero el denominador común es un hecho incuestionable: se trató de un periodo de seis años en el que no gané ni un solo título. Ante esta sequía que parecía no tener fin, comenzaron a surgirme las dudas sobre mí mismo. Perdí la confianza y empecé a encadenar derrotas que antes no habría concedido. Con el paso del tiempo se volvió doloroso percibir cómo los rivales me iban perdiendo el respeto tenístico”
Por esta razón Ferrero destaca la importancia de la psicología deportiva a la hora de ayudar a los tenistas. “Pero, por encima de todo, de lo que más he aprendido como entrenador es de psicología deportiva. En este campo, el trabajo no consiste en aplicar soluciones prefabricadas. Todo empieza por la observación y la convivencia. En un deporte como este, tan conectado a la personalidad del jugador, cuanto más sepas sobre ella, más podrás ayudarlo”
En el libro Ferrero también destaca cómo fue el momento en el que decidió ser el entrenador de Carlos Alcaraz. “Yo ambicionaba construir una metodología, trabajar a mi manera y elegir a la gente que formaría parte del equipo con quien me apetecía colaborar en mi día a día. Lo que terminó de decidirme para aceptar la propuesta fue una breve conversación con Carlos. Cuando me dirigí a él, encontré la misma determinación por ser profesional que había en mí de niño. No me refiero únicamente a la ambición, sino a elementos menos evidentes, como el respeto y la atención que me demostró desde que cruzamos las primeras palabras”
Una relación con Alcaraz que acabó a finales de 2025 en un tema sobre el que Ferrero prefiere no hablar pero de la que sí guarda grandes recuerdos. “Todo el mundo sabe que, a finales de 2025, poco antes de que comenzara la siguiente temporada, Carlos y yo anunciamos que ya no seguiríamos trabajando juntos. Es un tema del que no quiero hablar, porque queda dentro de la esfera de las relaciones privadas, aunque sé que genera una gran curiosidad. Para mí, lo fundamental es que, tras más de siete colaborando, podemos echar la vista atrás y decir solo cosas buenas. Creo que hemos vivido una historia muy bonita, que tanto a él como a mí nos ha servido como aprendizaje y experiencia de vida”.
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