El verano sigue su curso y los torneos de categorías también. Y España sigue con su enorme colección de medallas: la primera fue de bronce, de la Sub-20 femenina, conseguida tras derrotar a Bélgica por 81-59 el pasado 12 de julio. La segunda la logró la Sub-20 Masculina, cuando conquistó el 19 de julio el metal al vencer a Francia en el encuentro por el tercer puesto. Y la última la logró la femenina Sub-18 al ganar el oro con un dominio sideral y coronarse como campeona continental. A expensas de lo que vaya a hacer la Sub-16 masculina, la femenina ha empezado su torneo particular en Mioveni, Rumanía, con una categórica paliza ante la República Checa (109-40) que demuestra que van a por todas. A sumar un nuevo metal a la inabarcable lista de éxitos rotundos.
Por lo tanto y al margen de lo que siga pasando en lo que está por venir y con el Mundial absoluto femenino en el horizonte (empieza el próximo 4 de septiembre), España sigue sonriendo en uno de esos múltiples torneos del caluroso verano que disputan las canteras de los diferentes países, en este caso del Viejo Continente. Y que suele ser muy positivo para la Federación Española de Baloncesto, que ve con una amplia sonrisa como sus chicas y chicos coleccionan medallas, una tras otra, y se convierten en las promesas del mañana, afianzando la sensación de que el futuro del baloncesto nacional está más que asegurado, tanto en la sección femenina como en la masculina. La esperanza se fragua a estas edades, donde se dan los primeros pasos para convertirse en leyenda.
El partido ante las checas no tuvo ningún tipo de historia, ya que el primer periodo terminó con un contundente 28-3 que lo dejaba todo visto para sentencia. Después de eso, no hizo más que aumentar la diferencia hasta el 109-40 final, 69 puntos de diferencia, un dato tremendo que se fraguó con parciales que llegaron a ser de 18-0. La Selección estuvo más de 39 minutos por delante y no hubo ningún cambio en un marcador que dominaron de principio a fin. Vendula Salakova fue la única jugadora checa que consiguió llegar a los dobles dígitos en anotación con 14, además de sumar 5 rebotes, un esfuerzo claramente insuficiente ante las chicas de Madelen Utieta, que planeó una defensa absolutamente increíble que provocó hasta 41 pérdidas en un rival que nada pudo hacer.
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El esfuerzo colectivo de España fue sencillamente espectacular: Uki Igbinedion llegó a los 14 puntos y 8 rebotes, Amelia Alonso sumó 12 y 14; Anastasia Lishchuk, hija del expívot Serhiy, se fue a los 13 con 7 rechaces. Olivia Monsalve se estiró hasta los 13, Paula Reynal a los 10… Un trabajo colaborativo tremendo en el que todas las jugadoras sin excepción anotaron al menos dos tiros de campo, con un 53% en tiros de dos puntos que demostró que el plan estaba claro: atacar el aro, aprovechar la zona y no renunciar a nada. Más bien al contrario, ir a por todo, a por la gloria, a escribir la historia más grande jamás contada. Entre ceja y ceja está el trono continental, una nueva medalla que redondearía un verano absolutamente fantástico. Veremos si se consigue. Bulgaria es el próximo rival (maana, a las 14:30) y habrá días más duros. Pero, de momento, España es una apisonadora.
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