Detrás del colgante olímpico que Emma Carrasco (Lleida, 20 años) luce en el cuello como recuerdo de su hazaña en París con solo 18 años, se camuflaba una realidad asfixiante. La última temporada de la joven catalana se resume en un desgaste físico y emocional. Todo saltó por los aires en el Campeonato de España celebrado en junio de este año en Palma de Mallorca. Tras meses arrastrando la duda de si debía abandonar el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, el sitio que la acogió durante seis años siendo apenas una adolescente, la tensión acumulada se somatizó de forma drástica: “Tuve una parestesia en el lado izquierdo del cuerpo: se me cerraba un poco el ojo y la tibia se me dormía”, confiesa la catalana a este medio durante su presentación como nueva deportista de la UCAM.
Ante esa parálisis provocada por la ansiedad, Emma priorizó su bienestar personal por encima de las medallas. “Por salud decidimos no nadar el 400 estilos”, declara. La decisión no era fácil: venía de colgarse el bronce en esa misma prueba en el Europeo de piscina corta de Lublin (Polonia) a finales de 2025. Aunque tres semanas antes había logrado las marcas mínimas requeridas, la normativa de la Real Federación Española de Natación exigía hacerla en la piscina balear. Al no refrendarlas, se quedó fuera de la convocatoria europea. Una ausencia que la nadadora encajó con entereza: “Por cómo estaba mentalmente, no sé si hubiera estado ahí arriba, donde me habría gustado estar. Al final, todo pasa por algo”.
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Cerrada esa etapa, Carrasco se preparará con su equipo, el Club Natación Sant Andreu, lo que supone un cambio en los entrenamientos y una nueva metodología: “solo me queda confiar a ciegas en el proceso”. Al no acudir a la cita internacional vivió algo inédito en su carrera: un mes entero de vacaciones. “Ha sido el verano más largo de toda mi vida”, reconoce. Acostumbrada a parones de apenas dos semanas, este descanso le permitió desconectar con su familia y amigos, asimilar el cambio de rutina y recargar las pilas que tanto necesitaba.
Hoy, la nadadora afronta el nuevo curso con una sonrisa y las ideas claras. Compagina la élite acuática con el grado en Psicología. “He recibido una superbuena noticia y es que voy a poder hacer las prácticas en el CAR de Sant Cugat”, confirma. Su nuevo horario en el club, entrenando de 05:45 a 08:00 de la mañana, le permite disponer de toda la jornada para avanzar en sus estudios y encarar el año con margen. De esta forma, Emma busca el camino con más calma de cara al exigente curso 2027-2028, donde aspira a un doblete monumental: graduarse en la carrera y sellar la mínima para los que serían sus segundos Juegos Olímpicos.
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Con la mirada puesta en el Mundial de piscina corta de diciembre y el Mundial de Budapest en 50 metros del próximo año, Emma encara la alta competición desde una perspectiva mucho más madura: “Quiero competir en los Juegos, no solo participar. Dar mi mejor versión. Lo que hagan las demás no lo puedo controlar, así que me centraré en mi día a día para ver hasta dónde puedo llegar”.
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