Breanna Stewart (Syracuse, 1994) jugó su último partido con New York Liberty, el equipo de su tierra al que llegó en 2023 y con el que busca una posición no demasiado incómoda en los playoffs después de una temporada por ahora discreta, el 28 de agosto. Una semana después, sin más preparación que el viaje, sin concentración previa ni partidos amistosos, debutó con el Team USA en el Mundial 2026, un torneo en es formato exprés de menos de dos semanas en las que todo pasa rapidísimo. No jugó mucho contra China y solo anotó 7 puntos por que (94-61) no hizo falta más. Dos días después, su selección las pasó canutas contra Italia (52-55, su anotación más baja en un Mundial desde 1971) y Stewart, y ese día sí hacía falta, tuvo una tarde espantosa (5 puntos) aunque su única canasta (1/9 en tiros totales) fue trascendental. De hecho, dio (50-51) la ventaja que ya no se le escapó a Estados Unidos.
En ese momento, pareció confirmarse que esta versión de la invencible selección estadounidense era la más humana de los últimos años: ganable. Que la baja de A’ja Wilson iba a ser un lastre definitivo para un equipo en transición, con media rotación (y la entrenadora, Kara Lawson) sin experiencia en grandes competiciones internacionales. La propia Stewart, con 32 años, seguía siendo excelente… pero ya no era la Stewie que ponía el baloncesto del revés, ese unicornio de 1,93 que ha apilado uno de los currículums más increíbles de la historia del baloncesto.
Desde ahí, desde ese punto bajo en el arranque del torneo y las dudas alrededor del equipo perfecto, Stewart dio un paso al frente porque sintió que era lo que su selección iba a necesitar: en los siguientes cuatro partidos promedió 16,2 puntos y 6,5 rebotes con un 67,5% en tiros. Y acabó el torneo como máxima anotadora (12,8) y reboteadora (7,3), líder en valoración (18,8) y minutos (23,1) de una campeona que será más o menos humana, pero sigue siendo invencible.
Finalmente, este Team USA sobre la que tanto habíamos teorizado alargó su imperio de los mil años con el título y un 6-0 con sus victorias por una media de 26,1 puntos (26,6 en los cruces) y 89,1 anotados por noche. No está mal para un equipo con tembleque, se suponía, sin preparación y sin la que ahora es la mejor jugadora del mundo, Wilson, y otra teórica titular, la escolta Kelsey Plum. Estados Unidos sigue sin perder en un Mundial desde las semifinales de 2006. Son veinte años sin entregar ni un partido, no digamos un oro, en Juegos o Copas del Mundo. No hay nada igual en el deporte de equipos, y lo siguiente será unos Juegos, la especialidad de la casa, en su hogar (Inglewood, L.A.) y con un equipo seguramente mejor y más experto. Si había una bala de plata, Berlín parecía un buen lugar para usarla. España lo rondó durante tres cuartos, pero se desfondó en el último (8-18). Francia parecía la madre de todas las selecciones, pero todavía se estará preguntando como su 17-31 del segundo cuarto se convirtió en un 86-59 sin llegar al ecuador del último.
Todo empieza y acaba en Stewie
Estados Unidos sigue teniendo, mientras no se demuestre lo contrario, los grandes talentos individuales y el físico capaz de subir marchas a las que nadie más llega. Y una capacidad asombrosa para crecerse en los momentos de máxima presión, aquellos que podrían atenazar a un equipo para el que una plata es un fracaso, si es que recuerdan siquiera lo que es. Stewart lo explicó así después de la final. “He jugado este tipo de partidos antes. La parte emocional es lo que acaba haciendo que haya equipos que se hunden cuando las cosas se ponen difíciles. Nosotras vamos a estar siempre concentradas, mentalizadas. Vamos a mantener la compostura. Pase lo que pase y vaya como vaya, sabemos que los partidos son largos”.
Lo que la ala-pívot, MVP obvia e incontestable del torneo no dijo, es que todo eso empieza y acaba en ella, el pilar del que aprenden las jóvenes y en el que todavía se impulsan el resto de veteranas. Entre ellas Chelsea Gray, una de las mejores bases del mundo: “Parece que a veces es como si nos acostumbráramos a tener delante la excelencia de forma continua y nos volviéramos complacientes por eso… ves cómo compite, como aglutina al equipo, como acaba las jugadas. Todas esas cosas no pasan por accidente”. Lawson, la seleccionadora, fue más allá: Todo empieza con Stewie. El liderazgo, no solo en la final sino en todo el torneo. Cómo ha ayudado a las jóvenes, cómo ha hablado con todas y ha demostrado cómo se tiene que hacer para ganar. Ella es USA Basketball. Si piensas en los últimos quince años, es Stewie. Y las demás de este grupo tenemos la suerte de formar parte de su era”.
“Me enorgullece ser una gran jugadora de forma consistente. Que aparece en los momentos importantes, en los pequeños y en todo lo que hay entre unos y otros. Tengo una confianza en mi misma que va más allá de lo realista”, asegura una megaestrella que suele decir que en el nivel profesional lo mental es el “99%” del juego y que, por eso, recurre con frecuencia a charlas consigo mismas antes de los partidos para asegurarse de que está motivada, concentrada y, en definitiva, preparada.
Así que estos tiempos siguen, por encima de todo, siendo los de Stewart, que se ha unido a Sue Bird como la única (categorías masculina y femenina) con cuatro oros en Copas del Mundo. Es uno de los puntos fuertes de un currículum de leyenda: solo con la absoluta del Team USA tiene, además, tres oros olímpicos (ha ganado los 46 partidos que ha jugado entre ambas competiciones), tres MVP (uno olímpico, dos mundiales) y cinco nominaciones para el Mejor Quinteto (dos y tres). ¿Más? mucho más. Con UConn fue cuatro veces campeona universitaria en cuatro años, con cuatro MOP (el equivalente al MVP) de Final Four. Número 1 del draft de la WNBA en 2016, ha ganado ya tres anillos (dos en Seattle, uno en Nueva York) con ocho all star, dos MVP, dos MVP de las Finales, un Rookie del Año, siete nominaciones All WNBA y siete en los Mejores Quintetos Defensivos. Fuera de Estados Unidos, ha ganado tres Euroligas (una con el Ekaterimburgo, dos con el Fenerbahçe) con un MVP de temporadas y dos de Final Four.
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Pocos en la historia del baloncesto han conseguido tanto. Pero, sobre todo, pocos lo han hecho a su manera, una demostración de compromiso y longevidad que ahora pondrá la vista en Los Ángeles 2028, la lucha por el que sería su cuarto oro olímpico. Tendrá 34 años pero, si no pasa nada muy raro, llegará. Lo ha dicho Kara Lawson: she is USA Basketball.
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