Los ‘12 Guerreros’ de Omar Quintero han cimentado su historia particular a base de milagros inesperados. Como los de John Coffey, poderes sobrenaturales cuando la vida no corre más. Ocurrió en 2021, en Croacia; en 2022, en Brasil. Ocurrió otra vez ahora, en Zacatecas. Sin Paco Cruz, sin Paul Stoll. Sin tiempo y sin apenas esperanza. Cuando la noche ensombrecía. La mano encendida de Moisés Andriassi, en su único tiro con sentido de toda la noche, salvó a una Selección Mexicana que se estiró al máximo hasta mostrar sus costuras. Quintero jugó con fuego y en mínimos dos cuartos: sin apenas basquetbol ofensivo y con beneplácito de las segundas oportunidades en la pintura propia. Y con sangre y yemas. Bastó para dormir esta noche con el pasaje al Mundial de Qatar en reserva.
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México supo sufrir, ahora sí, sin padecer las consecuencias. Soportó en ropa interior casi 20 minutos. El rival exigía mayor severidad: no era la Colombia a la que había despedazado cuatro días atrás con un histórico vendaval de triples. 28, récord de eliminatorias mundialistas FIBA en cualquier parte del mundo. La virtuosa inercia continuó en los primeros minutos: tres tiros a distancia; dos de Paco Cruz y uno de Gabriel Girón. Neto devolvió la cortesía, pero Paul Stoll, eterno guerrero, encontró redes con su tiro predilecto: ligeramente escorado a la izquierda y salto corto. J.J Ávila y Cruz mantuvieron a raya con la receta confiable a los de Petrovic, hermano del legendario Drazen y un veterano de EuroBasket y Euroliga. El primer cuarto terminó con diferencia mínima (24-23) y seis triples para los ‘12 Guerreros’, en camino a un nuevo récord mundial.
Después, México resistió las penetraciones de Pacheco y Beath con la fiera defensa de J.J Ávila e Israel Gutiérrez. En el lado opuesto, Gutiérrez encontró el pick & roll para expandir el repertorio ofensivo más allá de los triples. Pero las buenas costumbres no se abandonan: un tiro enloquecido de Stoll, al que la edad no le ha apaciguado la intrepidez, más cerca del logo que de la razón, abrochó una primera mitad cercana a la perfección. Quintero apenas había usado las manos para detener el tiempo.
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Los ‘12 Guerreros’ detuvieron la producción y se dedicaron a cavar y martillear. No fue un pasaje, fue estrategia. Sólo concedieron seis puntos en cinco minutos. Un triple de Louzada desatascó a Brasil, pero una flotadora de Paco Cruz desincentivó cualquier rebelión. La defensa en zona de Quintero obligó a los de Petrovic a tomar tiros incómodos; el cerco reboteador de J.J Ávila y Gutiérrez lució entonces para desactivar a la Seleção. El impecable trabajo del tándem, hasta entonces, dejó en mínimos a la visita, a expensas de la iluminación y el genio de Louzada. Pese al dominio, Brasil emergió del tercer cuarto vivo: sólo nueve puntos abajo después de un déficit de 15.
Los ‘12 Guerreros’ sufren
Andriassi agotó la pólvora contra Colombia (0/3) y a Quintero no le quedó remedio más que ir a contra natura: defender. Percutió Brasil en segundas oportunidades (0/16) para acercarse peligrosamente a dos posesiones (69-64) después de que los referees reevaluaran un triple de Karim Rodríguez. Alarmas: México sumó cuatro minutos sin puntos. Ni uno sólo. Lo que funcionaba antes dejó de funcionar. Una sequía cuando hacía sed hacía. Quedó reducido México a su mínima expresión, sostenido por la inusitada defensa de Paco Cruz y los rebotes milagrosos de J.J Ávila, desnudo y apegado al baloncesto más salvaje e instintivo. A lo más básico.
El cerco reboteador que tantos réditos había generado a los ‘12 Guerreros’ colapsó en el peor momento. Un viaje de Neto a la línea de libres dejó el partido al límite (72-71). México dejó de jugar y se encomendó al rebote largo, al manotazo, a los segundos mortíferos. A sus meras costuras. Entonces, Paco Cruz le entró a Meindl por la derecha y acompañó a Paul Stoll al exilio. Un minuto y medio por delante sin las dos leyendas. El peor escenario de todos los posibles. Meindl empató desde la línea, pero Girón tiró, con la vida por delante, hacia la madera para pescar un rebote imposible. Andriassi convirtió la osadía en dos puntos como oro. 74-72. 40 segundos en el cronómetro. Un proyecto entero en el aire. El drama.
El milagro de Moisés
El basquetbol está compuesto de pequeños portentos. De momentos que cambian destinos en un abrir y cerrar de ojos. Ocurrió que Jaron Martin botó la pelota, reculó, pensó y cedió con una mano hacia Andriassi, muy lejos de su rango y del más elemental sentido común. No importó. El pistolero de Texcoco se alzó, con la derecha recta: la pelota no dibujó una parábola, sino que viajó llana, furibunda. Un triple glorioso que bien firmaría Stephen Curry. La canasta de su vida. Se había dejado la pólvora, decíamos. Pero le quedaba un montoncito en los dedos. Su único triple de la noche. Reynan Santos añadió algo de drama al final, pero J.J Ávila se encargó de cerrar la noche desde la línea de castigo. Ya no cabían más emociones en el Marcelina González.
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