Pocos, muy pocos peros pueden ponerse a la legendaria carrera que firmó Miguel Indurain como ciclista profesional, uno de los más grandes de todos los tiempos en este deporte. Uno de ellos, la conquista de un Monumento, cosa que probó a cuentagotas sin grandes resultados. Aquello del frío en la primavera no iba con él, mientras que con el sofocante calor de julio en el Tour de Francia encadenó cinco coronas de la Grande Boucle. Otro, el arcoíris mundialista en fondo, éxito del que se quedó a las puertas en dos ocasiones: platas en 1993 y 1995.
El tercer ‘borrón’ en discordia podían ser los Juegos Olímpicos, pero el ‘Gigante de Villaba’, en los últimos coletazos de su carrera, no estaba dispuesto a dejar su historial en blanco en la competición más grande en el mundo del deporte. Aquel 3 de agosto de 1996, en Atlanta, Indurain voló a 48,8 km/h de promedio para completar los 52,2 km del recorrido olímpico y colgarse el oro de su cuello. Una imagen histórica que hoy en día, 30 años después, todavía se recuerda con impoluta claridad, con ‘Miguelón’ acompañado de Abraham Olano (plata) en el podio.
Probablemente, ni él mismo lo sabía en aquel momento, pero ese gran éxito fue el último del deslumbrante palmarés del corredor navarro, que concluyó con un total de 79 victorias con cinco Tours, dos Giros de Italia y el oro olímpico y mundial de contrarreloj como logros más destacados.
Mes y medio después de tocar el cielo de Atlanta, llegaba el triste final en competición para Indurain. En septiembre acudió a regañadientes a una Vuelta a España que era de suma importancia para su equipo, el Banesto, pero no para sus propios planes, donde no entraba correr la ronda española. Desmotivado y a más de 2 minutos del líder de la general, Alex Zülle, el navarro dijo ‘basta’ en la etapa 13, camino de los Lagos de Covadonga. Miguel se bajó de su bicicleta y entró al Hotel Capitán tras el descenso de El Fito, donde consumó un abandono que fue el preámbulo de su retirada definitiva del ciclismo profesional, cosa que anunció en una rueda de prensa el 2 de enero de 1997. Un final que nunca hizo justicia a su descomunal figura.
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