Chus Mateo (57 años) es el seleccionador español desde hace un año y después de una salida extraña, justo después de ganar la Liga, del Real Madrid, donde su sustituto fue, precisamente, el seleccionador saliente, Sergio Scariolo. Mateo, que trata de clasificar a España para el Mundial 2027, un camino que sigue estando de cara aunque toca hilar fino después de las últimas derrotas contra Portugal y Grecia, acaba de pasar por Belgrado, donde ha asistido a la Adria Sports Conference. Y donde tuvo tiempo de mantener una extensa charla con Basketball Sphere en la que repasó toda su carrera y su estilo como entrenador de baloncesto, su trabajo desde 1993, unos años antes de (1999) llegar al Real Madrid como asistente de Scariolo en la primera etapa del italiano en el club blanco. Después, y antes de asumir el puesto de entrenador, trabajó con Pablo Laso durante algunos de los años más exitosos de la historia reciente de la sección.
En tierra de baloncesto, el madrileño reconoce que la escuela balcánica es una influencia obvia para todos los entrenadores de Europa: “Cuando era un crio veía a los entrenadores de la antigua Yugoslavia que venían a España, sobre todo a Zeljko Obradovic, Svetislav Pesic… eran nuestros profesores, en cierto modo nos enseñaron el camino. Dusko Ivanovic, Velimir Perasovic… eran todos maestros, una fuente de conocimientos para todos: su filosofía, cómo manejaban los equipos, cómo trabajaban con los jugadores…”.
Y vincula esta base adquirida con el éxito que están teniendo, en la actualidad, los técnicos españoles, cada vez más reputados y valorados en todo el continente: “Ahora se nos reconoce por nuestra filosofía, por cómo nos relacionamos con los jugadores, cómo generamos química con el vestuario… Ahora, por ejemplo, tienes a dos entrenadores españoles en Partizán y Estrella Roja, peo también en el Estrella Roja de fútbol o la selección serbia de balonmano. La influencia de los entrenadores serbios fue enorme, y ahora estamos aprendiendo a lidiar con otras cosas, como ir fuera y trasladar nuestra forma de trabajar a otros lugares”.
Además, Mateo deja un pronóstico para los aficionados de los históricos equipos de Belgrado: “Creo que Ibon Navarro, con el Estrella Roja, va a ser una de las grandes sorpresas de la próxima Euroliga. Ahora hay siete entrenadores españoles en la Euroliga, y todos tienen estilos diferentes pero comparten filosofía. El baloncesto ahora requiere otro ritmo, otras rotaciones… y el gran valor de un entrenador ahora es saber adaptarse a los jugadores que tenga, al club al que llegue, a su cultura… En el Partizán, Joan Peñarroya hará las cosas de una manera que va a gustar mucho allí”.
Los aprendizajes del Real Madrid
Mateo tampoco esquivó las preguntas sobre sus distintas etapas en el Real Madrid, desde sus años de asistente hasta la Euroliga que ganó en su estreno como entrenador principal del equipo y de ahí a su salida después de una complicada temporada 2024-25: “El Real Madrid es uno de los clubes más exigentes del mundo. La presión es enorme, igual que el ruido que hay a tu alrededor. Siempre habrá alguien que venga para ocupar tu lugar. En total, he pasado 25 años en el Madrid, empecé allí de niño, con 21 años y en las categorías de formación. Conozco cómo es el ambiente, cómo de ambicioso es el club y cuánto exige de todos. Y sé que es muy difícil cumplir con los objetivos que se ponen y lidiar con ese proceso. Con esas expectativas. Fui asistente con Scariolo, con Javier Imbroda, Julio Lamas… y después ocho o nueve años, ni sé ya cuántos, con Pablo Laso. De todos aprendí mucho. El último período con Laso fue una masterclass increíble sobre cómo lidiar con un montón de cosas. Por supuesto, tuve que cambiar de rol en el equipo. Al principio, los jugadores me conocían como asistente, tenía que ayudar al entrenador pero también hacer que ellos me sintieran muy cercano. Pero después pasé a ser el entrenador y me mentalicé: ahora eres tú el que tiene que tomar las decisiones”.
Mateo continúa en clave blanca: “No fue algo fácil, pero es lo que tenía que hacer. Y, además, tenía que manejar todo el ruido que rodaba al equipo. En cuanto dejas de ser asistente y pasas a ser el entrenador, notas lo diferente que es todo. Pero lo más importante es reducir ese ruido que hay a tu alrededor. Nadie puede afectarte o hacer que cambies tus decisiones, tienes que ser tú mismo. Mantenerte fiel a tu filosofía, a aquello en lo que crees. E intentar que se juegue como crees, como tienes en la cabeza. Seguir hasta el final con lo que crees. Porque si empiezas a dudar durante todo ese proceso… no te va a ir bien. Tienes que soportar muchas cosas, y noticias, que no son buenas para ti, pero eso te hace mejor entrenador y mejor persona. Siempre se dirá que alguien va a ir a ocupar tu lugar, que otro será el entrenador del Real Madrid. Gané seis títulos en tres años, que creo que no está mal (risas). Dos Ligas, una Euroliga, una Copa y dos Supercopas. Tienes que controlar lo que depende de ti. Alguien apuesta por darte el cargo, y es genial. Alguien decide que no sigas en él, pues ok. Eso no depende de ti, no hay que darle muchas vueltas. Antes de irte a la cama, piensa si has hecho todo lo que podías hacer. Y si puedes dormir con la conciencia tranquila porque lo has dado todo, eso es lo importante. Es lo único que te puedes exigir cuando has pasado por un club como el Madrid. Soy un privilegiado: siempre vi como ídolos a los entrenadores del Real Madrid y de la Selección, y ahora esas están siendo mis responsabilidades. Es increíble lo que estoy viviendo, y tengo que recordarme que me toca dar gracias por todo ello”.
El técnico también recuerda la Euroliga ganada después de remontar un 0-2 al Partizán… y la perdida un año después, en la final contra el Panathinaikos de Ergin Ataman: “Aquella Euroliga que ganamos fue muy complicada. El Partizán tenía un equipazo, con un entrenador como Obradovic y jugadores muy buenos. Jugamos muy bien, luchamos cuando las cosas estaban muy, muy feas. Incluso en el quinto partido, otra vez en casa, perdíamos por 18. Pero no dejamos de luchar, y eso es parte del baloncesto también. Fue algo inolvidable, una lección: seguir adelante aunque todo parezca perdido. Pero lo más interesante para mí es que creo que éramos mejor equipo la siguiente temporada, aunque en esa no ganamos, perdimos la final contra el PAO. Nos conocíamos mejor, entendíamos el sistema mejor… pero así es el baloncesto”.
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Y, por último, se acordó también de Scariolo, primero su mentor y luego el entrenador con el que cambió roles entre el Madrid y la Selección: “Él me dio la primera oportunidad de dedicarme a esto como profesional en 1999. Aprendí mucho de él, de su modelo, sobre todo de cómo ser estricto con ciertas cosas. También aprendí muchísimo con Laso, sobre todo cómo manejar distintos tipos de ego. Y eso es muy importante, sobre todo en un equipo como el Real Madrid”.
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