Cambio simbólico para el baloncesto de Fuenlabrada. El equipo deportivo más representativo de esta ciudad madrileña adaptará su denominación para honrar a una parte bonita de su historia, en la que cogió de la mano al Partizán de Belgrado durante la Guerra de los Balcanes para no soltarla jamás.
Todas las categorías del club, especialmente el equipo sénior masculino que milita en la Primera FEB, beberán ahora del Partizán original con acciones coordinadas. “En marcha están ya, entre otros, trabajos en común relacionados con la formación de jugadores, iniciativas institucionales o de revaloración de marca que conllevarán un crecimiento en diversos campos para el nuevo Partizan de Fuenlabrada”, explica el club naranja, que indica además que ésa será su nueva denominación.
El principal equipo fuenlabreño, entrenado por Iñaki Martín, buscará a partir de ahora el ascenso a la Liga Endesa bajo el paraguas del club serbio al que un día dieron cobijo.
Atrás quedan ya patrocinios como Jabones Pardo, Mad-Croc, Alta Gestión, Urbas o Carplus. La última empresa que había actuado como marca principal del Club Baloncesto Fuenlabrada era Flexicar, acuerdo que llegó hasta este verano.
El conjunto refuerza el hermanamiento con el Partizán belgradense y trabajará conjuntamente junto a ellos, un equipo de Euroliga, para progresar en las diversas áreas.
Un paso histórico.
Un nuevo nombre.🖤Somos 𝐏𝐀𝐑𝐓𝐈𝐙𝐀𝐍 𝐃𝐄 𝐅𝐔𝐄𝐍𝐋𝐀𝐁𝐑𝐀𝐃𝐀💙@PartizanBC pic.twitter.com/6yeN5ZKjnc
— Partizan de Fuenlabrada (@BFuenlabrada) September 10, 2026
Durante los últimos años, con el retorno de los serbios al primer plano europeo, se habían intensificado las iniciativas en las que ambos clubes compartían esfuerzos. Que si un amistoso en el Fernando Martín, que si otro partido de pretemporada en el imponente Tasmajdan Centar… Los aniversarios, los buenos deseos, la gratitud y otras formas de devolver el cariño de los años 90 han desembocado en esta colaboración, con el Fuenlabrada cambiando su nombre para honrar el de su equipo hermano de Serbia.
Para el que no esté familiarizado con esta historia, hay que remontarse a principios de la década de los 90 en el siglo XX. Con la Guerra de los Balcanes latiendo las autoridades tomaron medidas en Yugoslavia; una de ellas llegó de la mano de la FIBA, máximo estamento del baloncesto a nivel planetario, prohibió por motivos de seguridad a clubes como el Partizán que ejercieran su trabajo en casa durante la temporada 1991/92 y se les buscó otra ubicación. El Partizán llegó a Fuenlabrada. ¿Cómo? Un plantel jovencísimo en el que el entrenador acaba de retirarse; Zeljko Obradovic atendió la petición del club cuando se preparaba para el EuroBasket de 1991, donde iba a ser el capitán de Yugoslavia, para colgar las zapatillas y coger la pizarra.
Sasha Djordjevic lo explicaba así: “Fuenlabrada no era un centro de baloncesto y fue idea del alcalde(José Quintana), que quiso tener un equipo de nivel. Los tres equipos de la ex-Yugoslavia jugaron en España: la Jugoplastika en A Coruña, la Cibona en Puerto Real (Cádiz) y nosotros en Fuenlabrada. Fueron los días más difíciles de nuestra vida y de la historia del país: no había ni gasolineras, ni vuelos… Embargo total. Poco a poco la relación con la gente en Fuenlabrada creció. Nosotros, los serbios, cuando jugamos al baloncesto lo hacemos para dar emociones a los que nos vienen a ver. A lo mejor supimos conectar con esa gente, que se volvió loca poco a poco con nosotros. El pabellón siempre estaba lleno, sobre todo, cuando vinieron el Estudiantes y el Joventut. Fue un grupo muy, muy bueno. Algunas veces estábamos dos o tres semanas en Madrid, viviendo en un hotel, empapándonos de vuestro idioma, de vuestra cultura… No quisimos viajar siempre. Por eso poco a poco creció esa relación, que fue más que una amistad. Y nos dio tiempo a aprender algo de español… ¡Bingo!”.
Aquel curso implicó potentes emociones que se desbordaron en la Final Four de la Liga Europea, la mejor competición continental de clubes en aquel tiempo, por el resultado que se arrojó. En un duelo final en Estambul con el Joventut de Badalona, con el Estudiantes y el Milán relegados, se hizo el milagro. Ese conjunto de jóvenes valores, con Danilovic como MVP y un Djordjevic que encestaría la canasta de la gloria, levantó la copa. Campeones de Europa en 1992. Sin la inestimable ayuda de una población que vivió para dar amor a un equipo exiliado, lejos de un hogar en el que la guerra machacaba sin piedad, no se habría podido lograr tal éxito, uno de los más memorables del baloncesto europeo en toda la historia.
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