La presentación conjunta de la Liga Endesa y la Liga Femenina reunió a jugadores, entrenadores y directivos en un ambiente que mezclaba ilusión y cansancio post‑verano. Entre saludos, compromisos y la energía típica del inicio de temporada, varias protagonistas compartieron cómo habían vivido el Mundial, desde Berlín y desde España, y cómo sienten que el bronce vuelve a colocar al baloncesto español en un lugar de referencia.
La voz de la Selección llegó primero a través de Helena Pueyo, que todavía transmitía la intensidad de los últimos días. La jugadora del Valencia Basket destacó el impacto del torneo: “Hemos tenido muchas visualizaciones; si no voy mal, creo que casi medio millón en la semifinal contra EE. UU.” Para ella, el bronce es un motor que empuja a todo el baloncesto femenino. “Siempre que un equipo femenino en España consigue algo así, hace crecer todo este mundo. Ojalá sea así y que muchas niñas nos vean, que quieran jugar y que también se pongan metas.” Sobre su experiencia personal, dejó una imagen muy clara: “Sueño con ello desde hace mucho tiempo… no era consciente hasta que nos hemos ido de allí de que estábamos jugando un Mundial, y muy poca gente puede decirlo.”
Otra de las protagonistas del torneo, Mariona Ortiz, llegó a la presentación sin haber tenido tiempo para digerir lo vivido. “Aún no hemos podido asimilarlo… pero, de primeras, mucha felicidad.” Su debut mundialista a los 34 años lo describe como un camino precioso. “Era mi primer Mundial, pero con un grupo humano que ha hecho el día a día muy fácil.” La medalla, además, le sirve como impulso emocional para el inicio de la temporada. “Esto es un chute de energía que ayuda a empezar la temporada con una carga emocional muy buena.” Y confía en que el bronce enganche a más público: “Las generaciones que vienen llegan con muchas ganas y mucho talento… ahora que está muy de moda, tienen aura.”
Fuera de la pista, el Mundial se vivió con la misma intensidad. Deva Bermejo, del Celta Femxa Zorka, siguió el torneo con un vínculo emocional especial. “Me ha emocionado muchísimo, tanto por las jugadoras, a las que les tengo mucho cariño, como porque estaba Cris, mi entrenadora.” Para ella, el bronce debe servir como impulso para la competición: “Es una liga que se tiene que promocionar y por la que se tiene que apostar.”
Andrea Vilaró, del Ensino, lo vivió desde Berlín, cerca del grupo. “Sufriéndolo y disfrutándolo a partes iguales.” Confesó nervios, ilusión y una sensación de pertenencia que no se pierde, aunque no se esté en pista. “Poder estar cerca de ellas y darles ese empujón de energía fue algo mágico.” Y sobre el impacto del bronce, fue clara: “Esperemos que, si tiene que ser el último impulso para vivir este periodo mediático, así sea.
También lo siguió desde casa, Aina Ayuso, del Hozono Global Jairis, que estuvo en la preparación, pero no entró en la lista final. “Se vive con muchos nervios, y más cuando has estado ahí hasta el final.”
La presentación tuvo un brillo extra gracias a Marta Canella, del Meins Avenida, que llegó con una medalla propia: la plata del Europeo de 3×3. “Fue muy intenso el torneo, íbamos con un objetivo claro, que era llevarnos una medalla.” Sobre el Mundial de la Selección, se mostró orgullosa. “La medalla es el broche final… es donde deberían haber quedado desde el principio.” Y dejó una frase que define el impacto generacional del torneo: “El Mundial de Iyana es brillante… tiene un talento que va a cambiar esta generación y las que vienen.”
Esther Castedo, del BAXI vivió el Mundial con alegría y lo sintió “como si fuese una más”, con la convicción de que el equipo tenía opciones reales de llegar más lejos. “Conseguir una medalla de bronce no se consigue todos los días.” Y sobre si la medalla promociona la liga, lo ve claro: “Es un impulso para que las jugadoras quieran venir y para que el nivel siga subiendo.”
Irati Etxarri, del Movistar Estudiantes, aportó una de las visiones más emotivas. “En uno de los partidos clave decía: ‘es que no sé si quiero verlo o no’, pero confiaba a muerte en el equipo.” Su lectura del bronce como símbolo colectivo fue contundente. “Ha sido el Mundial de todas y la medalla de todas.” Y sobre el impacto en la competición, añadió: “La visibilidad que estamos creando es un escaparate óptimo para el baloncesto femenino.”
Las que estuvieron dentro lo vivieron como un sueño cumplido. Las que lo siguieron desde fuera lo sintieron como propio. Todas coinciden en que este éxito puede ser el empujón definitivo para una liga que quiere crecer, atraer talento y ocupar el espacio mediático que merece.
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