Ganar era importante, pero convencer lo era aún más. Y el Movistar Estudiantes hizo las dos cosas. Ambas con aplomo. En el marcador con ese +30 (106-76) frente a un Inveready Gipuzkoa que claudicó tras diez minutos. También en el juego, con la defensa que gusta, que asfixia al rival hasta límites insospechados. Con ese dominio en el rebote (36 a 21) para correr y para tener segundas oportunidades. No hubo intermitencias: una vez metida la quinta, los madrileños no bajaron el pistón. Ni subidas ni bajadas, todo fue continuidad con el balón de una mano a otra (24 asistencias).
Y no era fácil para el Estu, que llegaba cojo en el juego interior por las bajas de Iván Aurrecoechea y la de última hora de Petit Niang. Pero surgió Floyd y todo fue felicidad. Defensivamente, sobresaliente, y en ataque le encontraron por el aire. Se cuidó con las faltas y cerró con 9 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias para 15 de valoración. Tuvo que retirarse en el último cuarto por un problema en el muslo derecho. Ten se santigua para que no sea nada.
Mención aparte merecen las buenas actuaciones de Munnings (12 tantos) y de Vaulet (14). Parece que no están, pero siempre están ahí. Arriba y abajo. Cosa seria. Westermann se quitó el polvo tras su estreno y se disparó hasta los 12 puntos y 3 asistencias para el partido más feliz en el Movistar Arena desde hace tiempo.
Al ritmo de Westermann y con la potencia de Floyd. Y si a eso le unimos un hambre voraz por el rebote (19, 7 ofensivos) nos da el +16 al descanso (56-40). Una ventaja muy trabajada a pesar de la distancia desde la defensa, desde el cambio tras ver que los vascos hacían mucho daño con el bloqueo de sus torres, Van Komen y Paukste, dos gigantes de 224 centímetros que herían a los estudiantiles huérfanos por dentro con Floyd como único cinco puro. Ayudó Tisma, que dio descanso al estadounidense.
Hasta esa modificación defensiva, el GBC se sintió cómodo en el Palacio. Encontraba pasillos y facilidades para anotar. Arraiza era un cohete y Hanzlik mostró mano desde fuera para un 7-11 de salida. El Estu se recompuso cuando Westermann cogió los mandos. Organizó y anotó. La defensa empezaba a asfixiar a los visitantes, que con una canasta en el último segundo de Falcoz dejaban el 27-24 al terminar el primer cuarto.
Desde ahí, el Estudiantes se adueñó de cada centímetro de la pista y golpeó con un parcial de 12-2 en menos de dos minutos. Movió el balón (10 asistencias) y el marcador saltó del 35-31 al 47-35 con los vascos Van Komen y Paukste en el banquillo con tres faltas cada uno. Speights encontraba a Floyd en las alturas y Vaulet se dejaba el alma en el rebote. Los tiros libres hicieron el resto hasta el 56-40.
Los madrileños salieron con ganas de cerrar el duelo lo antes posible. Silverio y Vaulet elevaron la renta hasta +20 (63-43) y Munnings, hasta el +22 (67-45). Sin embargo, el Gipuzkoa no se dio por vencido. Volvió a utilizar a Van Komen como boya y los vascos encontraron ciertas vías limpias hasta la canasta colegial (67-51). Poco les duró la ilusión. Walker se activaba, Westermann aparecía cuando era necesario y Jiménez se unió a la fiesta. Al empezar el último cuarto el +20 (81-61) volvió al marcador. Los últimos diez minutos fueron un dejar pasar la vida con la salida de cancha de Floyd por un problema en el muslo.
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