La Eurolliga ya ha completado su primera semana de doble jornada y, en su ritmo carnívoro, después de tres partidos quedan, solo, cuatro equipos que no han perdido recién estrenado octubre. Y no es una quiniela que habría tenido muchos acertantes si se hubiera rellenado hace un par de semanas. Seguramente hay dos nombres que sí, que habrían estado en casi todas las cuentas: el Fenerbahçe de Sarunas Jasikevicius, un yunque de equipo al que va a costar horrores ganar y que ahora mismo tiene tantos motivos como cualquiera para sentirse uno de los grandes favoritos; Y el nuevo Panathinaikos de Zeljko Obradovic, que ha arrancado 3-0 por primera vez desde 2011… la última vez que entrenaba al equipo el genio de Cacak.
A los verdes les ha tocado empezar con cuatro partidos seguidos en el OAKA, y el cuarto será, la visita del Fenerbahçe (uno dejará de estar invicto) en lo que puede ser uno de los partidos del año. Los tres primeros rivales eran, a priori, pan comido, pero es que el Panathinaikos no ha dejado ni los huesos: +19 contra el Paris Basketball, +23 contra ASVEL y Maccabi. Por primera vez, el equipo ateniense arranca en la Euroliga con 90 puntos o más en sus tres primeros partidos. Y, lo que más debería preocupar a sus rivales, es que lo está haciendo sin Kostas Sloukas, Kendrick Nunn y Moustapha Fall, que todavía no han podido jugar ni un minuto, y casi sin Nigel Hayes-Davis y Juancho Hernangómez, que se han perdido dos partidos cada uno.
Pero la cosa funciona: defensa asfixiante, juego muy físico, ritmo altísimo. Mathias Lessort por fin cerca de su mejor versión después de su pesadilla con la lesiones (y otra vez con Obradovic, con el que brilló en el Partizán que rozó la Final Four), Guerschon Yabusele aterrizando con buen pie y excelentes sensaciones de Sylvain Francisco (16 puntos, 3,7 asistencias en poco más de 20 minutos en pista por partido), que sí parece capaz de trasladar al equipo lo que había hecho en su maravillosa temporada anterior con el Zalgiris, lo que el curso pasado no logró TJ Shorts tras su salida de Paris Basketball.
Pero los otros dos invictos, con 3-0 en la clasificación, habrían sido más difíciles de adivinar. El Valencia Basket, porque pasó por un verano de remodelación casi total y su rendimiento en la nueva temporada era una incógnita con, además, dos de sus tres primeros partidos fuera de casa. El equipo taronja es, además, el más anotador de la competición, y el primero en la historia de este formato que arranca más de 95 puntos en sus tres primeros partidos. Y el cuarto que todavía no ha perdido, y la próxima jornada visita a un Real Madrid que se estrena en casa desde un peligroso 0-3, es el Partizán. Un clásico a priori en horas bajas, o como mínimo inciertas, en el que Joan Peñarroya asumió un riesgo que parecía suicida pero que está resolviendo con un trabajo fabuloso.
Un gran trabajo de reconstrucción
El entrenador de Terrassa (57 años), que acababa de salir escaldado de un situación peliaguda en el Barcelona, se metió en otra todavía más complicada el pasado 23 de diciembre, cuando asumió el banquillo de un Partizán en una terrible crisis deportiva y social, descosido por la salida de Zeljko Obradovic, que abandonó agotado, y con una afición en pie de guerra y enfrentada al presidente, Ostoja Mijailovic. Un equipo profundamente idiosincrático, con una personalidad inquebrantable y en el que parecía difícil que un entrenador del otro lado de Europa, de escuela occidental, pudiera llegar en pleno incendio y no salir abrasado.
Peñarroya, de hecho, debutó con un bochorno (87-112, ridículo en Belgrado contra el Maccabi) que siguió a dos derrotas también estruendosas y todavía sin él: 68-86 contra la Virtus y 109-68 en Kaunas, contra el Zalgiris. El Partizán perdió otros cuatro partidos, así que enlazó cinco derrotas seguidas en Euroliga con Peñarroya, incluidos más desastres (101-84 en Mónaco, 88-70 en el Palau, 66-104 contra Olympiacos). Pero, a partir de una sufrida pero positiva visita a Múnich (63-67) el equipo encontró un punto de apoyo y cerró la temporada con un notable, y sobre todo imprevisto cuando estaba en la lona, 10-6 en sus últimos 16 partidos. Acabó decimoquinto (16-22), la tercera temporada seguida en negativo y fuera del playoff después de aquella primavera de 2023 en la que, con una obra maestra de Obradovic y un equipo muy infravalorado unos meses antes Punter, Exum, Lessort, Papapetrou, Smailagic, Nunnally, Leday…), rozó la Final Four: del 0-2 a favor al 3-2 contra el Real Madrid en una serie que cambió con la pelea multitudinaria del segundo partido y que incluyó una remontada histórica de los blancos en el quinto.
La temporada pasada no llegó ningún título: derrotas en semifinales de la Copa y la Liga en Serbia y en la final de la ABA, contra el Dubai Basketball. Pero Peñarroya hizo lo suficiente para navegar una situación ultra tóxica, que habría acabado con muchos otros. Aguantó el tipo, construyó lo que pudo, fue poniendo sus granitos de arena… y se ganó una oportunidad que, por lo que parece ahora, era bien merecida: 3-0 por primera vez en este formato de Euroliga para un equipo que ha ganado de forma muy convincente a Olimpia Milán y París Basketball y que ayer remontó 13 puntos y se impuso en Múnich, donde Joan Peñarroya empezó a ver la luz el curso pasado, con un último cuarto pletórico y sus aficionados haciéndose notar en las gradas con cánticos de ‘MVP’ para Carlik Jones, que anotó 12 de sus 16 puntos en ese último parcial cerrado en 19-29. La prueba de que este Partizán no estará seguramente, por presupuesto y posibilidades, entre los equipos que peleen por la Final Four. Pero que sí es, de momento, otra cosa.
Y eso es lo importante: en plena crisis de identidad y en un momento del mercado en el que los grandes (con las irrupciones, además, de Dubai BC y Hapoel Tel Aviv) se matan por la caza mayor, el Partizán afrontaba además el lastre de que había jugadores que no querían ir allí por lo convulsa que había sido la temporada pasada. Hasta el 19 de julio no llegó ningún fichaje, algo extrañísimo en la elite europea, y la plantilla se fue cerrando poco a poco, sin grandes golpes de efecto y con un plan que tardó en asomar, primero con demasiados nombres para la rotación exterior y pocos para las zonas. Pero el propio Peñarroya, cuando se cerró el capítulo de movimientos, lo tenía claro: “Hemos fichado a jugadores que son grandes compañeros, que siempre trabajan duro y, sobre todo, que querían ser jugadores del Partizán”. Por ahora, lo están pareciendo en pista.
La limpia fue profunda: se fueron Bruno Fernando, Duane Washington, Nick Calathes, Sterling Brown, Dylan Osetkowski, Isaac Bonga, Shake Milton, Aleksej Pokusevski y Mitar Bosnjakovic de un equipo de la complicadísima temporada pasada por el que pasó también Cameron Payne. Se quedaron los más comprometidos, con Jones y Tonye Jekiri a la cabeza, y sin contar a un Jabari Parker que tras su cesión en el Joventut no encuentra acomodo y, sin sitio en los planes de Peñarroya pero con un contrato alto, sigue en nómina y entrena por su cuenta.
No hubo fichajes muy llamativos, y del rango NBA se apostó por un Ethan Thompson que dejó destellos en los Pacers pero que está todavía en fase de adaptación. El que abrió la tanda de altas fue el interior Kevarrius Hayes, un currante que marcó la tónica de lo que llegaría con Lamar Stevens, Alessandro Pajola, Derek Willis (ahora lesionado)… un lote al que se sumó Kyle Allman, un guard que brilló en la pasada Eurocup (un salto al nivel Euroliga que siempre se afronta sin certezas pero que no va mal) y que dio una oportunidad que está aprovechando a Luca Vildoza, cuya trayectoria en los últimos años ha sido irregular pero que acababa de hacer un buen papel en la Virtus.
Se estableció un plan con un posible quinteto formado por Jones, Thompson, Stevens, Willis (lesionado, se ha fichado de emergencia a Bandja Sy) y Hayes, con un fondo de armario muy mejorado: Allman, Pajola, Vildoza, Marinkovic, Lakic, Nakic, Tanaskovic, Jekiri, Lauvergne… un equipo que no tenía que ganar a lo grande, pero sí devolver el viejo orgullo perdido al Partizán. Y, por ahora, lo está logrando a pesar de los problemas físicos de Willis, Lauvergne y Marinkovic.
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Jones es el líder obvio (en números de pelear el MVP: 18,7 puntos, 6,7 asistencias y 24 de valoración) y están a muy buen nivel Jekiri, Vildoza, Stevens… si se suma el trabajo de Pajola, Tanaskovic, Allman y Hayes, se cuenta con recuperar a los lesionado y se da margen para la adaptación de Thompson, el Partizán puede tener motivos para sentir que no va a ser una mala temporada. Y debería tener claro que uno de los principales es el excelente trabajo, desde una situación que parecía imposible de enderezar, que está haciendo Joan Peñarroya en el banquillo.
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