El caso de Rubén Darío Insua, quien hoy fue presentado y este domingo iniciará su tercer ciclo como DT de su querido San Lorenzo, que se enfrentará en Avellaneda ante Independiente, es inusual: pocos en el ambiente del fútbol argentino pueden jactarse de sentirse queridos por dos hinchadas a la vez. Si los de San Lorenzo lo aman, los de Independiente lo recuerdan entre los grandes jugadores que pasaron por el equipo.
Nacido en la Ciudad de Buenos Aires el 17 de abril de 1961, su primera exposición grande fue con aquel San Lorenzo que logró el ascenso en 1982 y que, ya en Primera, le pelearía el título del Metropolitano del 83, justamente, al Independiente de Bochini, que sería el campeón por apenas un punto.
Debutó como jugador del Ciclón en 1978, cuando por el campeonato Nacional el equipo cayó como visitante por 2 a 0 ante San Martín de Mendoza. Se quedaría en los tiempos del descenso y sería figura en el ascenso. De ahí se forjaría el amor con los hinchas, que él devolvería con creces. Aquellos eran tiempos en los que a San Lorenzo, sin cancha y en una crisis institucional desconocida para equipos grandes, cualquier estadio le quedaba chico. Fue local en Vélez, donde la convocatoria era tan masiva que muchos se quedaban sin entradas. Además, marcó el rumbo en la originalidad de las canciones tribuneras, característica que mantiene después de más de cuarenta años.
Un Insua de apenas 21 años y con una personalidad poco común para la edad, tomó la responsabilidad de patear el penal que determinó el regreso a la Primera División en la antepenúltima fecha del torneo de Primera B. Fue el 6 de noviembre del 82, faltaban 9 minutos para que termine el partido contra El Porvenir, en Liniers, donde San Lorenzo -dirigido por José Yudica- era local.
Con el triunfo, esa tarde volvía a la máxima categoría. Así que El Gallego definió para el 1 a 0 con un derechazo inatajable para Walter Scorza, símbolo de El Porvenir fallecido el mes pasado, a los 64 años. Insua corrió a celebrar con sus hinchas que no paraban de gritar tras sacarse la tensión vivida durante ese encuentro en el que las cosas no se definían. La alegría fue tal que la lluvia de papelitos más la calidad de los videos de entonces no permiten observar con nitidez aquel momento. Faltando tres minutos, el árbitro Rubén Torres dio por finalizado el partido por invasión de cancha. San Lorenzo volvía a Primera.
Meses después, con Insua como estandarte y el Bambino Veira como DT, San Lorenzo continuaría haciendo historia de nuevo en la Primera División. Aquel fue un Ciclón ofensivo que no tuvo problemas en readaptarse a la categoría. En 1985 se fue a Las Palmas, en España, y poco después volvería al país para sumarse a Estudiantes. Pero en 1988 inició su romance con el Rojo, aunque nunca renegó de San Lorenzo. Integró el plantel campeón tras una gran renovación. En el caso de Insua, tomó, junto con José María Bianco, la responsabilidad de reemplazar a dos peso pesados del mediocampo: Ricardo Giusti y Claudio Marangoni.
Lo hizo tan bien que se convirtió en símbolo de aquel equipo que, dirigido por Jorge Solari desde el banco y con Bochini en sus últimos años como profesional, fue campeón el 25 de mayo de 1989. Esa tarde, en la que Independiente le ganó 2 a 1 a Deportivo Armenio, Insua anotó el primero del Rojo (el segundo lo hizo Pedro Massaccesi), que iba abajo por un gol de Lorenzo Frutos.
Insua fue una de las figuras del campeón. En ese torneo anotó 11 goles; en total, jugó 100 partidos y marcó 29 tantos. Y, con 3, fue uno de los goleadores de la Supercopa Sudamericana de 1989, en la que el Rojo llegaría a la final y la perdería con Boca.
Los hinchas lo apodaban El poeta y siempre lo recordaron porque se colgaba del alambrado cada vez que celebraba un gol. Se destacó en un plantel que se renovó con Alejandro Alfaro Moreno, el mencionado Bianco, Marcelo Reggiardo y pibes de inferiores como Adrián Czornomaz, Claudio Osterrieth, Martín Ubaldi, Pepo Morales, Fernando Villarreal y Carlos Morales Santos. De los históricos, sólo quedaban Bochini, Néstor Clausen y Hugo Villaverde. Solari había desplazado al arquero Luis Islas, quien fue reemplazado por el uruguayo Eduardo Pereira, un ex Peñarol y referente del seleccionado de su país.
Dos años después, justo cuando empezaba la decadencia que hoy sacude a Independiente, Insua se fue para integrarse al Barcelona de Ecuador. Su carrera continuaría en el Deportivo Calí colombiano y terminaría en Quilmes. En 1993 tendría otro paso por la entidad de Avellaneda.
Ya como entrenador, regresaría a San Lorenzo en varias etapas. En 2002, lo llevó a ganar la Copa Sudamericana tras ganarle en la final de ida 4 a 0 a Atlético Nacional en Medellín y empatar en el Nuevo Gasómetro 0 a 0. No sólo con este título internacional afianzó su condición de ídolo, sino que ese mismo año (el 9 de noviembre), fue el técnico con el que San Lorenzo le ganó 4 a 0 el clásico a Huracán, en el Ducó.
La anécdota no son solo los goles (Rodrigo Astudillo, 2, y Pablo Michelini y Rubén Ramírez), sino lo que ocurrió en la previa, cuando en el traslado del plantel el micro se descompuso a pocas cuadras del estadio. Entonces, Insua tomó la decisión de que, en vez de esperar un auxilio o un coche de reemplazo, el plantel junto al cuerpo técnico se bajase y llegase a Huracán a pie, acompañado por la multitud azulgrana. Todavía los hinchas visitantes podían ir a los estadios. La caminata más la goleada se volvieron un mito en el clásico del barrio.
Veinte años tardó en volver a dirigir al club. Entre 2022 y 2024 levantó a un equipo que venía golpeado, lo volvió poderoso de local y lo clasificó a la Copa Libertadores. Se enfrentó a dirigentes que, según él, le querían hacer una cama. Con Marcelo Moretti, el presidente despedido por escándalos, nunca tuvo buena relación.
En todos estos años, el nombre de Rubén Darío Insua sonó como alternativa para dirigir a un Independiente que no para de caer en crisis deportivas e institucionales. Cada vez que despedían a un entrenador, aparecía él como alternativa. Sin ir más lejos, fue uno de los más mencionados cuando hace unas semanas despidieron a Gustavo Quinteros.
Ahora que vuelve a dirigir, el destino quiso que el regreso sea justo ante Independiente, cuyos hinchas lo siguen respetando, más allá de que saben, pues Insua nunca lo ocultó, que su primer amor fue, es y será San Lorenzo.

