Se sentó en el césped del estadio de New Jersey. Se quitó los botines. Se sacó las medias. Cuatro años antes, en otra final, pero en una circunstancia muy disímil, se reía. “Ya está”, se leía en sus labios mientras miraba a su familia allá arriba en los palcos. Seguía en el campo, cuatro años después, pero vuelto verdadera estampa de un cierre de ciclo. Por eso causó tanto asombro el grado de sorpresa con el que se recibió el lunes pasado la renuncia de Lionel Messi a la Selección Argentina, tan anunciada en el desánimo de aquella tarde.
“Messi se va vacío y nos deja tan llenos”, reflexionó paradojal Jorge Valdano, el personaje que mejor pone en palabras el sentimiento del pueblo futbolero. El astro jugó 207 partidos con la camiseta albiceleste, marcando 126 goles. Récords absolutos, edificados a lo largo de poco menos de 21 años, desde aquel debut abruptamente interrumpido en agosto de 2005. Los logros, como señala Valdano, son de público conocimiento. Messi se va, pero nos queda la Selección. ¿Y qué será de ella? Una incógnita de pertinencia absoluta.
De movida será un seleccionado más pobre, en calidad y en recursos. El equipo poseía doble cachet: no era lo mismo contratarla con Messi a bordo que sin él. Los números nunca son oficiales, pero las versiones más fidedignas presumen una diferencia de 500 mil dólares sin el astro, un ingreso faltante que podía contabilizarse en hasta cinco millones de dólares en una temporada de mucha actividad. Para tener una medida del eventual lucro cesante: la subcampeona del Mundial 2026 se hizo de 48 millones de dólares en premios.
Como el seleccionado es, desde hace algunas décadas, el activo más importante de la AFA, la ausencia de Messi atenta contra ese patrimonio. Pero su presencia ya le permitió ganar suficiente dinero como para sostener gastos importantes: por ejemplo, el centro de scouting en Madrid, que se va volviendo cada vez más gravitante en el descubrimiento del talento argentino que florece en clubes europeos, y que podría ser buena parte del futuro del seleccionado.
Nicolás Otamendi y, probablemente, Leandro Paredes, seguirán el camino de Messi. Otros jugadores plus 30, como Nicolás Tagliafico o Rodrigo de Paul, quizás no lleguen al 2030. El plantel argentino fue el segundo plantel más veterano de la última Copa del Mundo. Con 30 años y 101 días promedio, además, resultó el segundo finalista más maduro de la historia de los Mundiales, solo superado por el Brasil campeón de 1962 (30 años y 216 días).
Son evidencias que indican que la renuncia de Messi simboliza un decisivo cambio generacional en el equipo nacional. Es la incógnita que sigue a continuación: ¿quién se hará cargo de llevarlo adelante?
Las miradas buscan a Lionel Scaloni. El entrenador del seleccionado tiene contrato hasta diciembre próximo. Pero ha dado una señal importante, en su breve retiro en Pujato, su ciudad natal, tras el Mundial, de que podría declinar esa responsabilidad.
En la AFA buscan convencerlo de lo contrario. El argumento es interesante. Hay que armar un nuevo equipo, como lo hizo en el proceso 2018-2022 y, a diferencia de entonces, cuando se llegaba del desastre de Rusia, las exigencias no van a ser desmedidas. Hay crédito suficiente. Se busca desestimar la idea de que Scaloni tiene más para perder que para ganar, por eso de que será muy difícil repetir los éxitos del ciclo, pero quizás allí reside la gracia: rearmar la base, hacerla competir en la Copa América del 2028 con los chicos que van pidiendo cancha, y ver hasta dónde se llega en el 2030, cuando se juegue un partido (o varios) en territorio argentino, con la seguridad de que, sin Messi, ningún resultado puede garantizarse.
Fue el astro quien destrabó cada uno de los partidos decisivos de la Copa del Mundo, con sus genialidades, haciéndose cargo del equipo, salvo en la final. Su ausencia le quita, en alguna forma, responsabilidad al entrenador: nadie puede reemplazar a Messi. Así, Scaloni podría seguir trabajando a su manera, desde su residencia de Mallorca, sin jugarse el prestigio aquilatado.
Por lo pronto, el entrenador tomó una decisión para remendar su cuerpo técnico, teniendo en cuenta que Walter Samuel prefiere independizarse para dirigir un equipo en Italia o Suiza, allí donde jugó y desde donde, se asegura, recibió ofertas. Samuel es el táctico del CT, y Scaloni piensa cubrir su eventual ausencia con la promoción de Diego Placente, hoy a cargo de los planteles juveniles, en los que fue en su momento el colaborador de Pablo Aimar, con quien volvería a encontrarse en el seleccionado mayor.
Si alguna vez se pensó que el cordobés podría suceder a Scaloni, la idea se desechó de inmediato. Aimar es el depósito de la filosofía futbolística de la Scaloneta, pero no posee el temperamento para conducirla; no lo tienta ni le sienta siquiera.
La negociación con Scaloni, entonces, continúa. En ese marco fue que la AFA sondeó discretamente a Messi para conocer sus planes. El rosarino se decidió a publicar la carta manuscrita que había escrito dos días después de aquella amarga tarde de New Jersey, mientras su padre Jorge agonizaba.
La AFA necesitaba, además, un guiño para aprobar una minigira por China en la próxima ventana FIFA. Sin Messi no solo no hay plus; ni siquiera habrá gira. No solo descenderá el cachet del seleccionado; también puede decaer el interés por verlo jugar, aunque mínimamente, porque, después de todo, sigue siendo el bicampeón.
La entidad tiene que organizar el futuro inmediato del seleccionado: la primera ventana, del 21 de setiembre al 6 de octubre, permite disputar cuatro partidos, aunque serían dos, acaso tres. La AFA anunció que dará a conocer mañana el programa, pero lo cierto es que la demora obedece a que la mayoría de los seleccionados ya tienen programados sus encuentros y no hay rivales importantes disponibles.
Todo indica que habrá un partido en Córdoba, con aforo reducido para cumplir una sanción de la FIFA, y otro en River. Muchos se ilusionan con que esa cita en el Monumental pudiera volverse la real despedida de Messi, pero por esas fechas la Major League Soccer tiene competencia y es probable que el rosarino ni siquiera venga como espectador.
La segunda ventana, del 9 al 17 de noviembre, coincidirá con la visita del papa León XIV a la Argentina. ¿Podría ser esa la ocasión ideal para que Messi baje desde Miami, se cruce con el Santo Padre y se haga una despedida formal del seleccionado?
En cualquier caso, Scaloni tendrá que conducir al equipo esos partidos y ya puede orientar un camino, con jugadores jóvenes, inclusive si decide abandonar definitivamente al equipo el 31 de diciembre.
Ya circulan ideas. La capitanía que Messi abandona será propiedad de Cristian “Cuti” Romero (28 años), dueño de una personalidad admirable. Se apoyará en Enzo Fernández (25), de formidable estatura futbolística, sintetizada en la envergadura de su pase al Manchester City, por 145 millones de euros. Scaloni, además, le cedería la camiseta número 10 a Nico Paz, el talentoso volante de 21 años del Como, para respaldar su crecimiento.
La cadena de transmisión que va desde las juveniles a la Albiceleste, conducida por un mismo grupo dependiente de Scaloni, podría sufrir si se mueven demasiadas piezas. La vocación formadora de esa gente es innegable, y los jugadores aparecerán si ellos sostienen su tarea. Pero la Selección seguirá adelante en cualquier caso.
La estadística también es cristalina: durante el periodo 2005-2026, el equipo nacional ganó sin Messi 43 partidos, empató 13 y perdió 14. Es potencia del fútbol, el seleccionado que más títulos mundiales ganó en el último medio siglo, y el que se sobrepuso al drama que supuso que a Diego Maradona le cortaran las piernas en 1994.
“El fútbol seguirá, como siempre sigue”, coincide Valdano. “Argentina encontrará otros 10 y nosotros, otros ídolos”. Y la Selección seguirá siendo mucho más que un equipo de fútbol, un revulsivo de la conciencia nacional que probó ser, de nuevo, cuando sus jugadores agitaron una sábana al final de su victoria más significativa en la última Copa del Mundo.

