La derrota del domingo ante Costa Brava de General Pico (3-1 en el estadio San Martín) decretó el descenso de Santamarina, que resignó su plaza en el torneo Federal A para 2027.
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El azuleño Nicolás Romat integró el plantel aurinegro por tercera temporada consecutiva, la más adversa, entre el mencionado traspié deportivo y un contexto institucional que distó de ser el ideal.
El zaguero central exHuracán y Atlético Tucumán dialogó con Último Bondi (emitido de lunes a viernes de 18 a 20 por Tandil FM 104.1 y Eco TV).
-Se consumó el domingo un descenso que se veía venir.
-Sí. A pesar de que uno mantiene las expectativas y la ilusión mientras los números todavía no decretan el descenso. Uno siempre pelea hasta el final y espera el milagro.
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Pero hacía tiempo que veníamos en una situación muy comprometida desde lo numérico, el domingo nos tocó perder. Viendo los resultados que se dieron por la tarde, nos dio más bronca y tristeza todavía.
-Es una versión de Santamarina que nunca se afianzó a nivel dirigencial, como tampoco desde un cuerpo técnico ni un plantel de jerarquía. Por ese lado, el desenlace encuentra cierta lógica.
-Sí, esto es algo que no viene sólo de este año. La deuda que se generó se remonta al año pasado. Hay un arrastre que hizo que este plantel no sea tan competitivo. Encima, con el tiempo se fue depurando, ya sea por la falta de nivel o por las complicaciones económicas.
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Pero creo que no debemos mirar solamente lo que pasó este año, también hay que tener en cuenta lo que sucedió antes.
-¿Cómo se transita el día a día en medio de una situación tan delicada?
-En lo deportivo, la realidad es que el plantel siempre se entregó al máximo, con la mejor cara, la mejor predisposición. Entrenamos en las canchas que tenemos. El predio, dentro de todo, está en buenas condiciones. Hemos ido también al estadio San Martín y a La Movediza, que es una cancha con un campo de juego muy bueno.
En cuanto a cómo se entregó el grupo, no puede haber reproches. Después, claramente, el trabajo que hicimos no quedó plasmado en los resultados. Son cosas que pueden pasar en una situación así, con cierta falta de jerarquía, un armado de plantel difícil, la depuración que hubo, hay un poco de todo…
-¿En qué momento sentiste que el descenso era inevitable?
-Personalmente, cuando el domingo Costa Brava nos convirtió el segundo gol. Fue el momento en el que sentí que todo estaba muy difícil, fue ahí que dejé de esperar el milagro.
En el resto de los partidos, siempre mantuve la ilusión, incluso la tuve antes de comenzar a jugar el domingo. Aunque sabía que era muy difícil, mi ilusión estaba intacta.
Esa sensación mía coincidía con la de muchos de los integrantes del plantel, había mucha ilusión, porque es lo último que pierde el futbolista. En el fútbol pasan los milagros. De hecho, si hubiésemos ganado estaríamos a dos puntos. Pero no pudimos hacer nuestra parte.
-En línea con tus sensaciones, en el tercer gol de Costa Brava se percibe un Santamarina abatido.
-Es que, cuando nos hicieron el segundo, nos quedaba poco tiempo. No era sólo empatar, teníamos que ganar el partido para seguir vivos. Ese desequilibrio que se genera al ir a atacar nos dejó abiertos. Nos volvimos un equipo entregado, no sé si en lo anímico, sí en lo táctico. A esa altura, pensás en que perder 3-1 ó 4-1 es lo mismo.
-Un desencadenante del descenso termina siendo no haber ganado un solo partido como visitante. ¿Cómo se explica esa tendencia?
-A pesar de que tengo diferencias con los dirigentes, no nos podemos quejar de las condiciones en las que viajamos. En ese aspecto, el club estuvo a la altura, con mejores o peores hoteles y comidas, la realidad es que siempre se viajó con cierta anticipación. Cuando jugamos en ciudades lejanas, dormimos en ellas. A las cosas que están bien también hay que decirlas.
Después, hay un poco de todo. Me parece que el equipo no supo jugar de visitante. En Rawson, contra Germinal, perdimos los dos partidos después de ir ganándolos. Fuimos un equipo que de local mostró una cara y de visitante no pudo repetirla. No sé la causa de eso, pero la verdad es que ninguno de los técnicos que estuvo pudo cambiar esa tendencia.
-Combinado con que la localía no fue tan respetable como en otras temporadas.
-Claro. Porque si sacás el 50 por ciento de los puntos, peleás el campeonato prácticamente. La entrega es innegociable y siempre la tuvimos, pero sí nos faltó esa lucidez para generar juego, o para hacer goles, algo que tuvimos en temporadas anteriores. Como también nos costó mantener el cero en nuestro arco.
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-¿Cuál es tu situación económica con el club?
-Igual a la del resto del plantel. Sabemos que el club tiene deudas, como la tienen todos los demás de esta categoría. Así que…apoyando y viendo cómo se va a resolver.
-¿Por qué elegiste nuevamente Santamarina este año luego de todo lo que pasó en 2025?
-Es un club al que le tomé un cariño, lo mismo me pasa con la ciudad. A pesar de que no había estado tanto tiempo, un año y medio. También pesaron mis ganas de seguir jugando al fútbol de manera profesional, de continuar compitiendo.
A pesar de que soy grande, sigo teniendo esa llama. Este descenso me pega de manera especial porque ya el fútbol profesional me queda lejos.
Santamarina me quedaba bien, estaba cerca de mi ciudad. Y a un jugador de mi edad ya es difícil que lo busquen desde otros clubes, ya no soy una “apuesta”. Y Santamarina había confiado en mí. Entonces, hubo un poco de los dos lados.
-Se te vio compungido tras el partido del domingo, el descenso es algo que golpea durísimo a pesar de la carrera que puedas tener sobre tu espalda.
-Sí, a mí me tocó descender con Villa Dálmine en 2023 y no lo sufrí tanto como esta vez. Esto me pegó mucho más por el sentido de pertenencia que tengo con Santamarina. No me voy a comparar con un hincha del club.
De pronto es distinto con otros casos. Por ejemplo, vi a “Mati” González, el ayudante de campo, destrozado, él es un hincha de verdad, de corazón. Pero nosotros acompañamos ese sentimiento del hincha, le pasó lo mismo a Diego (Sosa) y al “Vasco” (Igartúa).
Te invade esa sensación de que no pudiste dejarle nada a un club que te dio mucho.
-¿Poniendo en la balanza lo deportivo y lo institucional, es el año más oscuro de tu carrera?
-Sabemos que hay muchos clubes en una situación peor que la nuestra, aunque no deberíamos conformarnos con eso. El club está atrasado con nosotros en cuanto a los pagos pero en menor medida respecto a lo que pasa en otros lugares. Dentro de todo, el club la fue llevando. Ahora, sobre el final de la temporada, estamos un poco más atrasados.
Sí fue un año raro, con muchas idas y vueltas. Dirigentes que venían, que se iban…eso sí fue un poco desprolijo.
-¿Dónde te ves, deportivamente, en 2027?
-En estos días me sentía retirado. Me fui dos días al campo a trabajar para despejarme, con la idea de no jugar más. Pero he ido recibiendo varios llamados de dirigentes de otros clubes y ahí pensé: “Che, pará, puedo seguir jugando”.
Pero la realidad es que estoy con un pie afuera, más que nada del fútbol profesional. Después, quizá pueda jugar algún Regional o en esta categoría que se viene para el año que viene. Pero estoy un poco relegado de un torneo tan profesional como es el Federal A.
-¿Qué mensaje podés bajar para el hincha de Santamarina?
-Agradecerle su apoyo y pedirle disculpas por no haber podido cumplir el objetivo de la permanencia. Al menos, se entregó todo, me quedé vacío, terminé con un gemelo acalambrado, hicimos lo que se podía y no nos alcanzó. Antes de arrancar el partido del domingo, les dije a mis compañeros que se queden vacíos. Porque en el fútbol suele decirse que siempre hay revancha, pero no es así. De lo que pasó el domingo no tenemos revancha.
Sobre el autorFernando Izquierdo
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