Empieza a ser algo habitual del Open de España ver a un prometedor madrileño hacer sus primeros pinitos en uno de los torneos con más solera del calendario europeo. En 2021 fue el estreno de Eugenio Chacarra y Alejandro del Rey, y en 2022 el de Luis Masaveu, todos jugadores ya consolidados en la élite. Este año se producirá el de Sergio Jiménez, el 37º del ranking mundial amateur en la actualidad y el mejor posicionado de este país.
En tiempos en los que Paula Martín y Andrea Revuelta han construido a base de hacer historia un monopolio de la atención mediática dirigida a la variante no profesional, el ascenso de Jiménez ha pasado más desapercibido. En él hay uno de los mejores jugadores del sistema universitario estadounidense, miembro del primer equipo de su conferencia la temporada pasada, en la que acabó tercero de la clasificación individual con los Utah Utes. Llegó a octavos en el British Amateur y pasó el corte en el US Amateur.
Celebra en charla con AS que va “creciendo poco a poco” de la mano de su periplo universitario, ya la tónica dominante entre los jóvenes españoles con aspiraciones, y de su entrenador, Martin Cummings. Al contrario que otros jóvenes valores madrileños como Martín, Revuelta o Pablo Ereño, al que cita cuando se le preguntan sus referentes, él no pasó por el prestigioso CETEMA de la Federación Madrileña, lo que demuestra que la cantera de la región, que aglutina casi un tercio de las cerca de 300.000 licencias nacionales, se abre camino de formas diversas. “Se va notando el trabajo” federativo, estima Jiménez, con base en Retamares, un bonito diseño de Olazábal cerca de Algete.
Esta semana tiene una oportunidad de oro en su formación golfística. Podrá beber de la experiencia de Chacarra o Del Rey, que ya tienen victorias a su nombres en la esfera profesional a la que él espera unirse dentro de poco. Se queda de lo que ha podido ver de ellos y de los “muchos más” que pueblan este año uno de los mejores carteles de la historia reciente con que las cosas no les salen “porque sí”. “Hay trabajo detrás”. En las vueltas de prácticas ha podido jugar con Ángel Hidalgo, ni más ni menos que el tipo que le ganó un playoff a Jon Rahm, esta vez ausente, hace dos años, y uno de los ‘gatos’ veteranos junto a Sebas García, Juan Salama.
Cuando termine su paso por Utah, que con la nueva normativa puede ampliar un curso más, el presente y otro, valorará sus opciones, que hoy en día “son muchas”. De momento el plan pasa por “competir lo mejor posible”, por abrirse puertas para en un futuro “poder vivir de este deporte”, dice sin ínfulas. Y da una respuesta sesuda cuando se le pregunta por sus sueños: “A mí me gusta que a través del trabajo aparezcan los objetivos”.
Esta semana el que fuera campeón de España sub-16 y sub-18 no tiene ninguno concreto más allá de “dar todo lo que se pueda” antes de volver a la fría y tranquila Salt Lake City, una ciudad de mormones donde “todo el mundo quiere ayudarte”. Allí donde han encontrado su sitio también Iván Enguita, Jan Farre y anteriormente Javier Barcos. “Un buen lugar para estar”. Una cultura ideal para terminar de pulirse como otro gran proyecto del golf de Madrid.
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