Empiezan a sentirse los cambios en los Lakers tras la marcha de LeBron. Una nueva era que se comienza a analizar dentro y fuera de El Segundo, fortín angelino, sabiendo en todo momento a quién hay que reportar según qué variaciones: Luka Doncic participa activamente del presente y futuro. El esloveno, de vacaciones en Europa con sus hijas, no se ha despegado de la actualidad del mercado, ése que llevó en poco más de media hora a oficializar una hoja de ruta que se está siguiendo como un padrenuestro.
En este inicio de julio, tras haberse marcado la línea con la renovación de Austin Reaves por 185 millones de dólares, se cumplió el camino diseñado por Rob Pelinka para nutrir a la plantilla de condiciones mejor adaptadas a las características de su líder. A pedir de boca. Dan Woike, periodista que cubre para The Athletic la información de la franquicia, asegura que Doncic está “entusiasmado” por este rumbo: “Sus mayores deseos para la plantilla han sido escuchados: quedarse con Reaves y tener un protector de aro de alto nivel como Kessler”.
Luka había llamado la atención en el asunto del pívot desde que aterrizó en los Lakers. No se dio con Mark Williams, un traspaso que acabó cancelado, ni ha fructificado la unión con DeAndre Ayton, que se acogió a su cláusula para continuar una temporada más pero al que los directivos han dado boleto unos días más tarde. El perfil de Kessler gustaba desde el año pasado y lo han conseguido.
Para dar más forma a la rotación se ha tirado de otros nombres. Como exteriores, haciendo de paraguas cuando Doncic y Reaves tengan que descansar, se confía en Quentin Grimes y Collin Sexton. Para el puesto de alero, compartiendo con un Jake LaRavia que gustó en la 2025/26, se incorpora el georgiano Sandro Mamukelashvili. Y junto a Kessler, en el puesto de pívot puro, un suplente como Kevon Looney que sabe lo que es ser campeón -tres veces- de la NBA.
Doncic quiere más. Con el espacio salarial que queda, y esperando mover el contrato de Jarred Vanderbilt, se trata de conseguir una gema en el mercado: Jonathan Kuminga. Pero, hasta el momento, no pasa de la especulación. Las incorporaciones que se han realizado en un corto periodo de tiempo gustan al esloveno, número uno en cancha y consultoría, por lo que se pueden dar por contentos.
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Si bien es cierto que siempre puede haber una mácula en un trabajo aceptable. La operación que no ha terminado de contentar al 100% a Luka Doncic es la que se refiere a Rui Hachimura. ¿Por qué? No porque el japonés no tuviera un pie y medio fuera, dado el difícil encaje salarial que hay que hacer en los Lakers, sino porque ha reforzado al rival más cercano, Los Angeles Clippers, y por un esfuerzo económico que se podía haber realizado en el que era su club desde el año 23. 28 millones por dos años de acuerdo para él, rivalizando en las posiciones de ‘3′ y ′4′ con el español Baba Miller.
Un camino ya transitado
Como está todo inventado, o eso dice la expresión, qué mejor que seguir un camino que ya haya sido transitado por el propio Doncic. Para este rediseño de la plantilla los californianos se han inspirado, según la prensa local, en los Mavericks que alcanzaron las Finales en 2024 (y sucumbieron 4-1 contra los Celtics). Un Dallas 2.0. Como menciona Woike, “la promesa era darle un vestuario con ese tipo de jugadores, o réplicas o incluso mejoras” de un grupo de jugadores tan equilibrado como aquel: Gafford y Lively, por dentro; Kleber y Washington, desatascando; Hardaway y Curry, para los tiros; Exum, equilibrando por fuera; Irving, llevando la batuta. A ver si se replica el resultado.
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