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Emiliano Martínez no solo es un muy buen arquero, puro carisma y corazón. El ídolo de los chicos, una ocurrencia que nació en Qatar 2022 con sus mágicas atajadas y traspasa el tiempo. Dibu es un ejemplo de resiliencia: en Aston Villa, en septiembre de 2020, recién encontró su lugar en el mundo, luego de idas y vueltas entre el Arsenal y equipos de poca monta.
Tenía 28 años: a partir de allí, la gloria repetida con la selección, el pase a Chelsea, premios por duplicado como el mejor arquero del mundo. Sin embargo, lo más importante de su vida y su obra es algo más: siempre juega al límite, nunca abandona. No esconde las manos, las piernas ni el alma: jugó con una seria lesión durante el Mundial y ahora la vida lo pone a prueba otra vez, víctima de una fractura de mandíbula, en un partido que Chelsea se impuso por 2 a 0 sobre Everton, en una imagen que conmueve al mundo.
Los hinchas del pequeño gran equipo de Liverpool, que atiborraron el Hill Dickinson Stadium, lo aplaudieron con respeto. Son cosas que no suelen pasar, más allá de las habituales buenas costumbres de los británicos.
La acción que desencadenó en la lesión de Martínez ocurrió a los 20 minutos del segundo, cuando Everton tenía una pelota parada de riesgo cerca del área de Chelsea. Kiernan Dewsbury-Hall tiró el centro de zurda y Dibu se lanzó para rechazarla con los puños. En el vuelo, chocó contra el defensor Jarrad Branthwaite y no volvió a levantarse. Inmediatamente ingresaron los equipos médicos y luego de 8 minutos de atención, el arquero fue retirado en camilla, bajo una lluvia de aplausos.
Al quedar tendido en el césped, la tensión en el ambiente fue en ascenso. La atención médica incluyó inmovilización de su cuello y oxígeno; el arquero fue trasladado directamente a un hospital para su evaluación. Fue reemplazado por el belga Mike Penders, de 21 años.
Xabi Alonso, el entrenador de Chelsea, brindó algo de información sobre el futbolista argentino. “Hasta donde sé, él dejó el estadio consciente. Y ahora está en el hospital, donde se le están realizando estudios. Así que veremos. Es lo que sé hasta ahora”. Más tarde, se supo que el marplatense, de 34 años, fue operado y ahora empieza el momento de la rehabilitación. El alivio: le dieron bien los resultados de la tomografía en la cabeza y los estudios de espalda y cuello. Un allegado al círculo íntimo de Dibu llevó esta noche tranquilidad luego de la intervención quirúrgica. “Salió todo bien, ya está descansando”, fue el mensaje.
LA JUGADA QUE SACÓ A DIBU DE LA CANCHA: Emiliano Martínez salió a cortar un centro, pero sufrió un fuerte choque contra Branthwaite y el arquero argentino tuvo que salir del campo de juego en camilla.
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— SportsCenter (@SC_ESPN) October 17, 2026
El tiempo de recuperación suele ser entre 4 y 6 semanas para la consolidación ósea inicial, y de 6 semanas a 3 meses (o más) para el regreso a la competencia con contacto físico. Hay algo claro, mientras se espera el parte médico oficial: no estará en los últimos partidos de la selección de este año.
El equipo que dirige Lionel Scaloni disputará dos amistosos durante la fecha FIFA de noviembre: el viernes 13 se enfrentará con Uruguay, en Buenos Aires (¿será en la Bombonera?), mientras que el martes 17 jugará ante Costa Rica, en Córdoba. Serán partidos especiales: por primera vez en 21 años, Lionel Messi estará fuera de la órbita del equipo por su propia decisión. Dibu, uno de los subcapitanes de la Argentina, no estará por motivos médicos.
Justamente en el Mundial, en el que tuvo una brillante actuación en la final contra España, lo dio todo sin estar en plenitud. Otra muestra de su coraje. Apenas pisó el césped en el calentamiento previo al debut ante Argelia, fue la primera vez en la noche de Kansas City que el público se levantó para ovacionar a un baluarte.
Aquel día, Dibu devolvió la gentileza con el puño en alto, a pesar del dolor por haber sufrido una fractura en el dedo anular de la mano derecha en la antesala de la final de la Europa League. No se operó, tuvo una recuperación en tiempo récord y defendió el arco en el 3-0 de la presentación. “Sufrí mucho estos días para bajar la inflamación. Me habrá vendado 75 veces, el fisio”, decía Dibu, con humor.
“Fue un preparativo totalmente diferente. No pude hacer mucho en el campo. Obviamente con Martín (Tocalli, entrenador de arqueros), con Capu, el fisio, era triple turno tratando de sacar la hinchazón del dedo, que la verdad era mucha. Le dejé a mi cuerpo tratar de curarse solo. No me operé y fue la mejor decisión”, contaba en ese momento.
Sin embargo, tiempo después, contó algunos detalles del calvario físico que debió atravesar y, más allá de que cualquier mortal habría inclinado la oferta, siempre estuvo. Siempre está. “Todos los especialistas de mano me decían que no podía jugar y que tenía que operarme”, advirtió.
Y fue más allá: “Durante toda la fase de grupos no pude entrenar con el grupo. Eso me afectó muchísimo porque soy una persona a la que le encanta entrenarse. Hasta dos días antes del primer partido me tiraba con una sola mano, parecía un manco”, contaba a su manera. La descripción de ese pequeño drama médico toma mayor valor ahora, cuando el mundo del fútbol sigue su recuperación.
“Después de ganar una final con un dedo roto y saber que te podías perder la fase de grupos del Mundial, se te llena la cabeza de preguntas”, avisaba. El factor mental, como tantas otras veces (su psicólogo, en tiempos de juvenil inactividad forzada, fue su compañero de viaje) lo utiliza a favor. “Es solo la cabeza. A mí no me afecta. Lo importante era estar preparado para ayudar al equipo”, asume.
Es un líder que dice lo que piensa. Más de una vez mostró cierto contrapunto por los rivales menores que suelen citarse con la Argentina. Su actitud en el 7-0 sobre los juveniles de Burkina Faso fue otra muestra.
El caso Dibu hizo recordar a algunos memoriosos una situación parecida que sufrió el Loco Gatti en el Metropolitano 1976, en un clásico entre Boca e Independiente. A los 10 minutos, se produjo un durísimo cruce entre Daniel Astegiano y el arquero, que quedó noqueado en el césped con sangre en su boca. Los médicos lo socorrieron y a los pocos minutos constataron que había sufrido una triple fractura de mandíbula.
El Loco estuvo internado y se rehabilitó antes de volver a las canchas: tardó solamente 28 días. Personaje entrañable, desde una cama del sanatorio Santa Isabel se animó a chicanear a River en la antesala de un superclásico que se jugó días después. “Por supuesto que estoy para jugar, aparte la delantera de River no llega nunca al arco”, sonreía. Hay otros casos de arqueros, como Esteban Andrada, que sufrió la fractura del maxilar inferior luego de un choque contra Dedé, zaguero de Cruzeiro, por los cuartos de final de la Copa Libertadores de 2018. Volvió a atajar 59 días después.
De todos modos, el aura de Dibu supera todo. Juega como vive: no se guarda nada, siempre al límite.
Por Ariel RuyaEmiliano MartínezPremier LeagueSelección argentinaChelseaLesionesConforme a
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