Potenciar que todavía hay ganas de correr, saltar o lanzar; que el cuerpo tiene memoria de aquellos años y que la adrenalina sigue intacta. Así, sintetizan los atletas veteranos de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, la pasión por seguir metidos en la pista, compitiendo contra el paso del tiempo.
Esta necesidad de mantenerse activos no es casual. Toda su vida estuvo atravesada por el atletismo. De chicos, hicieron sus primeras pruebas. En la adolescencia y en la juventud se formaron para competir y hoy vuelven al circuito en la categoría máster con el desafío de continuar en carrera.
“Todo lo que sea movimiento son moléculas de vida. Algunos prefieren ejercicios de fuerza, otros más aeróbicos. Ambos oxigenan la sangre y nos sacan de la inercia”, se pronuncia Alberto “Beto” Fernández, de 71 años, que aún es profesor del Centro de Educación Física (CEF) Nº 3 Hugo Mario La Nasa, la cuna del atletismo argentino.
Para que Concepción del Uruguay continúe siendo un semillero para jóvenes talentos y que ostente la mejor pista del país, antes hubo hombres y mujeres que trabajaron duro y lo hicieron posible. José Benjamín Zubiaur, el rector del Colegio Nacional “Justo José de Urquiza”, a finales del siglo XIX pensaba que el deporte era indispensable para el desarrollo de la educación. Esta visión le valió ser el único argentino, latinoamericano y fundador, junto al francés Pierre de Coubertin, del primer Comité Olímpico Internacional en 1894.
Gracias a su participación, el olimpismo moderno se abrió paso en el país y la educación física empezó a ser obligatoria en las escuelas. Zubiaur empezó por su ciudad, donde asentó las bases para la construcción de un campo deportivo que hoy cuenta con una pista de última generación donde se desarrollan todo tipo de competencias, porque sus 400 metros están preparados para carreras de pista, saltos y lanzamientos, además de contar con un estadio cerrado inaugurado en 2015, con capacidad para 1.500 personas.
Pero en el medio de aquel anhelo olímpico y la actual modernización del centro deportivo, hubo un alma mater para transformar ese primer óvalo de competición en un centro de alto rendimiento. Hugo Mario La Nasa, nacido en Entre Ríos, fue a Buenos Aires para estudiar el profesorado en el Instituto Nacional de Educación Física (INEF) de San Fernando. Una vez egresado, en 1945, volvió a su provincia y se convirtió en la piedra angular de la idea.
“El CEF se creó respondiendo a una necesidad social. En las escuelas no había espacios para la educación física; entonces, los alumnos iban a tomar las clases al predio que estaba al este de la Avenida Paysandú, donde se diseñó la primera pista de carbonilla de 261 metros, agrega Fernández.
Recién en 1969, aquel baldío se convirtió en el Centro de Educación Física Nº 12, dependiente del Ministerio de Educación de la Nación. A pesar del logro, al año siguiente tuvieron que mudarse al predio ubicado en Santa María del Oro al 500, donde aún funciona.
En 1990, la institución pasó a manos de la provincia de Entre Ríos, cambiando de número e incorporando el nombre de Hugo Mario La Nasa, en homenaje al profesor y entrenador fallecido en 2008. “Yo empecé a los 13 con el piso desparejo. Nosotros fuimos de la promoción que llevaba la carbonilla para la pista”, recuerda Mirta Casse, de 67 años, que aún entrena en el CEF lanzamiento de bala, disco y jabalina.
“En los años que no entrené, soñaba con volver. Por eso, ahora aprovecho la oportunidad de hacer cosas para mí y le doy la tranquilidad a mi familia de que estoy acompañada y en actividad”, dice la uruguayense que en su juventud fue subcampeona argentina en lanzamiento de disco y en su niñez, récord entrerriano en bala.
“Hoy siento la misma emoción que a los 17 cuando representé al país”, asegura Casse. El año pasado, vivió esta experiencia en el XXII Sudamericano de Atletismo Máster de Chile, donde quedó sexta en lanzamiento de bala, octava en jabalina y séptima en disco.
“Antes se creía que a los 60 estábamos para sentarnos en la silla al sol”, reconoce el profesor Fernández, que, a pesar de estar jubilado, continúa dando clases de lanzamiento de martillo y jabalina a un grupo de adolescentes.
En el mismo predio hay otras categorías competitivas estructuradas por la Confederación Argentina de Atletismo (CADA) que van desde los 6 años en adelante, además de vóley, handball, judo y de las actividades deportivas adaptadas. “De acuerdo con las edades, varía el peso del lanzamiento, las distancias de los recorridos o la altura de los saltos. Cuanto más viejos somos, más livianos o más cortas son las medidas”, describe el docente que en otros tiempos supo entrenar a los diecisiete mejores deportistas que aportó Concepción del Uruguay al atletismo nacional e internacional.
“Fernández nos hacía practicar todas las pruebas, pero después nos enfocábamos en las propias”, recuerda Julio Anelli, de 55 años, actual preparador físico de la selección argentina de rugby, Los Pumas. “Es admirable que de una ciudad con algo más de 80.000 habitantes hayan salido tantos deportistas a partir de la detección de talentos. “Beto”, el profe, estaba a cargo del grupo de elite, pero cientos de personas pasaron por él. Tenía mucha pasión, sabiduría y experiencia. Sacaba el 100% de cada uno», asegura el entrenador, que con 15 años fue récord sudamericano en lanzamiento de martillo en Comodoro Rivadavia, Chubut, logrando una distancia de 55 metros.
Del plantel que menciona Anelli, se destaca Andrés Charadía, el lanzador de martillo que representó al país en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988; Barcelona 1992 y Atlanta 1996, quien además fue récord continental en 1994 cuando lanzó un peso de 7 kilos con una distancia de 74,66 metros, entre otros torneos panamericanos, iberoamericanos y sudamericanos de los que participó y volvió vencedor.
Pero antes, entre 1960 y 1970, hubo otras figuras que también formaron parte del seleccionado nacional consagrándose campeones sudamericanos. Isabel Sierro ganó en 1962 la carrera de relevos en Lima, Perú. Aníbal Lanz, el actual presidente de la Federación Atlética de Entre Ríos (FADER) se consagró dos veces campeón en 1973, en Comodoro Rivadavia, siendo el corredor más veloz de la región, del mismo modo que Eduardo Labalta lo hizo en salto en largo al superar los 7 metros y obtener la medalla dorada en el torneo disputado en 1978 en San Pablo, Brasil.
“Me dijeron que estaba loco, pero yo no veo el peligro. Ahora hay mucha más protección que antes”, se sincera Daniel Dutra, de 57 años, arquitecto y presidente de Termas de Concepción del Uruguay, quien supo ser subcampeón nacional y el entrerriano mejor rankeado en salto con garrocha en su adolescencia, y que desde hace un año y medio retomó sus prácticas en el CEF Nº 3.
Si bien la mayoría de los veteranos se preparan para las maratones, los lanzamientos y saltos siguen generando expectativas. “Es una hora y media en la que me olvido de todo. Además, es un lindo grupo de entrenamiento y de reencuentro, porque aquellos jóvenes de antes nos volvimos a reunir en la pista. Hacerlo a mi edad es un desafío”, describe el garrochista que junto a Mirta Casse y otros másters están preparándose para el torneo nacional en septiembre.

