A metros de la cancha de Racing hay una pintada en la que se lee “asalto de calidad”, irónica alusión a la frase del presidente del club, Diego Milito, quien prometió un “salto de calidad” que, por ahora, lejos está de cumplir. La pintada refleja el estado de ánimo de los hinchas y socios. Racing está sumido en un pozo tras largas temporadas de competencia nacional e internacional; algo que se acrecentó para bien con la llegada de Gustavo Costas (ganó la Sudamericana en 2024) y se acrecentó para mal cuando la dirigencia decidió despedirlo. Costas nunca fue del paladar de Milito, pero sus resultados le impedían tomar decisiones en determinado momento. Hasta que las tomó. “Un día triste que nunca pensamos que podía llegar. Es el fútbol. Realmente estamos, como todos los hinchas, tristes por esta situación”, justificó mientras el Racing de Costas pasaba un mal momento.
A eso le acompañó el desmantelamiento de un plantel competitivo, del que hoy apenas quedan dos referentes: el arquero Facundo Cambeses y el delantero Adrián “Maravilla” Martínez. Los resultados deportivos son pésimos: el club no compite internacionalmente y para el año que viene el panorama es similar. En la actualidad está lejos de los playoffs y en la tabla anual está de la mitad para abajo.
La derrota con Boca por la Copa Argentina lo liquidó: de un 2 a 0 arriba terminó 3 a 2 y eliminado, con el despido de Juan Pablo Vovjoda, el DT que nunca estuvo en el radar de los hinchas. El Cilindro ya no es el fuerte y a juzgar por lo que mostró el equipo el domingo contra Independiente, la condición de local le es más negativa que positiva. Sus jugadores parecen temerosos del hincha. Se pusieron arriba del Rojo en el marcador y no pudieron agrandar la diferencia que se veía en la cancha, sobre todo en el primer tiempo.
Racing tuvo todo para ganar el partido en esos 45 minutos. Pero primó el desorden de un equipo que no pudo concretar las jugadas de gol que se le presentaron. Del otro lado, Independiente le regaló todo: las pelotas divididas siempre las ganaron los de Racing, que además superaron al rival en atención y en juego colectivo.
El segundo tiempo fue el mejor reflejo de las realidades de uno y otro. Desordenado, Racing optó por ganar aunque sea 1 a 0 y ver si podía concretar otro gol, pero sin arriesgar demasiado. El triunfo le hubiese significado la esperanza de la reconstrucción. Si Racing no quiere perder aquello bueno que tuvo hasta hace unos meses, la contracara estaba del otro lado, en el de Independiente, sumido en crisis deportiva e institucional de décadas.
En la actualidad, Independiente es un equipo resignado a su suerte. No tiene competencias internacionales y, si se dan algunos resultados favorables, tal vez pueda participar de alguna el año que viene. Además está en zona de clasificación en el campeonato local. El domingo recibirá a Boca. Si gana, será fiesta; si pierde habrá insultos y enojos, nada fuera de lo habitual de los últimos largos tiempos. La zanahoria está en las elecciones del 13 de diciembre, cuando los socios deberán elegir entre el mismo camino pero con otros nombres o algún cambio que no garantiza demasiado. Nada seductor.
El Rojo es un equipo en constante deformación. Empatar con Racing no debería significar algo positivo, pero en estos tiempos de vacas tan flacas se fue del Cilindro con la sensación de tranquilidad de aquel que al menos no perdió. Concepto que no está a la altura de su historia. Pudo ganar el clásico, pero nunca le dio para la arremetida final. Pudo perderlo, pero del otro lado había un Racing confundido, desorganizado, jugando sin tanta convicción que careció de peligro. Independiente encontró su gol en un penal que convirtió Maxi Meza y que Cambeses no atajó por poco; con eso le alcanzó para empantanar más a Racing, al fin de cuentas el perdedor del clásico, más allá del 1 a 1 final.
A metros del Libertadores de América, hay pintadas en favor de Gastón Gaudio, Enrique Sacco y Luciano Nakis, los tres candidatos oficiales para suceder a Néstor Grindetti en la presidencia de Independiente. El mundo Rojo parece más ocupado en votar que en lo que ocurra en la cancha.
Es una lástima que una ciudad tan futbolera como Avellaneda hoy no tenga un animador de torneos en la máxima categoría. Ni Independiente ni Racing están a la altura de su grandeza.

