La Fundación Real Madrid ha organizado este lunes en la sala de prensa del Santiago Bernabéu una nueva sesión del Foro Luis de Carlos, Homenaje a Raimundo Saporta, una figura clave en el crecimiento del Real Madrid en Europa durante el siglo pasado, vinculado al club blanco como directivo desde los inicios de la década de los 50 hasta 1991. “Vicepresidente, presidente de honor, máximo responsable de la sección de baloncesto y un hombre de club”, resumía Antonio Esteva en la presentación del gran dirigente merengue, que falleció en 1997. Uno de sus primeros desafíos fue viajar a Argentina para cerrar el fichaje de Alfredo Di Stéfano y luego contribuyó de manera decisiva en la creación de la Copa de Europa, tanto la de fútbol como la de baloncesto.
Para hablar de su trascendencia, el Foro Luis de Carlos ha reunido a cuatro protagonistas clave en la historia del Real Madrid de baloncesto. Los cuatro, por cierto, ya son integrantes del Hall of Fame del baloncesto español, tras el ingreso el pasado jueves de Cristóbal Rodríguez como miembro de la sexta promoción. Cada uno de ellos ha hecho una breve introducción sobre la figura de Raimundo Saporta antes de abordar una charla de más de una hora.
Para Juan Antonio Corbalán, “Saporta fue una persona fundamental”. Y añade: “Lo suficientemente distante para saber dónde estaba la jerarquía, pero lo bastante cercano para arroparte en las dificultades. Cogió el legado de la historia del club y la puso en la modernidad del momento, tuvo mucha repercusión para el club, pero también para el deporte español más allá del baloncesto. Tras él surgió la figura de Juan Antonio Samaranch”.
“Para mí Saporta fue como un padre cuando decidí encauzar mi vida por el baloncesto”, explica Lolo Sainz. “Fue la primera persona que intentó hacer una familia en un club deportivo. Disciplinado, riguroso, amable… te inculcaba lo que después fue el espíritu del Real Madrid en el baloncesto, en un equipo competitivo al cien por cien”.
Cristóbal Rodríguez, jugador y gran médico, cree que en parte le debe su carrera al directivo: “Saporta hacía un poco la vista gorda para que pudiéramos compaginar el equipo y los estudios. Soy médico gracias a mis compañeros, a los entrenadores y a Saporta. Me faltaba una asignatura y tenía que aprobarla para seguir en la carrera y me puso un profesor de junio a septiembre”.
El cuarto protagonista no es el más pequeño, Fernando Romay: “Saporta lo era todo para nosotros. En el club había un equipo juvenil y otro júnior. Eran 24 jugadores y había tres en los que Saporta se había fijado y sabía que iban a llegar al primer equipo. Lo que me encantaba de él era su clarividencia, era un hombre muy adelantado a su tiempo”.
“Nunca quiso ser presidente”
Saporta no quiso nunca ser presidente del Madrid, y así lo había hablado con Bernabéu. “Tuve una relación con él en su fase final, como médico. ‘¿Por qué no fue presidente?’, le pregunté. ‘Ahora se bailan otros bailes’, me dijo”, desvela el doctor Cristóbal, que cuenta una anécdota con él: “Quería cambiar el coche y me dijo que muy bien, que si aprobaba el tercer curso de la carrera, podía comprarme otro. ‘Pon el precio del coche en un papel y yo escribo lo que te puedes gastar’. Enseñé el dinero y en su papel se leía: ‘De acuerdo”.
“Estaba en cualquier sitio y en cualquier momento, para cualquier cosa y no permitía que usaras tu brillantez solo para tu propio beneficio, sino para ponerla al servicio del equipo”, rememora Corbalán.
Lolo Sainz, por su parte, recuerda el día, ya como técnico, que se cruzó con Bernabéu tras ser segundo en un campeonato juvenil: “Estaba contento y me interpeló así: ‘Me han dicho que va a ser un buen entrenador, pero aquí no quiero segundones, ya te lo habrá dicho Saporta’. No me había dicho nada, pero le dije que sí”.
“Salta a la comba, lo ha dicho Bernabéu”
Romay no olvida el día que Bernabéu le dijo que le faltaba coordinación y que le vendría bien saltar a la comba: “Al día siguiente, ahí estaba la cuerda en el vestuario. ‘Lo ha dicho Bernabéu’, me dijeron”. Los inicios de Fernando no fueron sencillos, le costaba, y Lolo Sainz fue a hablar con Saporta: “Me pidió que tuviera paciencia porque era un jugador de máxima entrega. Con humor, pero siempre lo daba todo”.
Cristóbal conserva grabada a fuego, medio siglo después, la exigencia que había en la sección: “Saporta hacía todo lo posible para que estuviéramos siempre arriba, porque si no hubiéramos ganado tanto quizá hubieran quitado la sección. El Real Madrid era un club de fútbol y nos inculcó la mentalidad ganadora para que los socios y los directivos comprendieran la importancia del baloncesto”.
Lolo evoca dos momentos en los que vio a Saporta especialmente orgulloso: “Cuando ganamos nuestra primera Copa de Europa, un bombazo dentro del club, y cuando pudimos ir a jugar a Moscú, algo que estaba prohibido”. Y apunta Cristóbal: “Bernabéu contaba que Franco había dicho que no podíamos ir a Moscú y Saporta le respondió: ‘Dígale que vamos a ir’. Luego creo que Franco preguntó si podíamos ganar: ‘Sí’, le respondieron”.
Romay, Fermosel y el examinador en un Seat 133
Romay tampoco olvida aquella vez que tenía que renovar su contrato y Saporta le preguntó que cuánto quería ganar y, una vez escuchada la cantidad, le respondió: “Muchacho, cuando eres martillo, pega; cuando eres yunque, aguanta”. El pívot también rememora cuando él, de 2,13 m de altura, y Fermosel, de 2,07, se sacaron el carnet de conducir juntos en el mismo vehículo con el profesor y el examinador: “¡Era un Seat 133!”. Y apunta: “No podías tener un coche mejor que los veteranos y ellos no podían tener uno mejor que los jugadores de fútbol”.
“Pertenecer al Real Madrid era como un gran viaje, empezabas en una gran mesa sentado en las esquinas y te ibas acercando al centro. Y cuando estabas en el centro —señala Cristóbal—, Saporta les decía a los jóvenes que lo mejor era estar en las esquinas, porque te quedaba mucho tiempo en el club. Del centro pasabas a irte a la calle”.
“Saporta era el poli bueno”
“Otros dirigentes aprendieron de Saporta, querían ser como él”, explica Lolo, que da un nombre: “Uno que lo hizo muy bien, y era amigo de Raimundo, era Salvador Alemany, del Barcelona”.
“Bernabéu era un tótem, Ferrándiz era el poli malo y Saporta el bueno, pero también sabía decirte que no”, analiza Corbalán, que cree que de la actualidad lo que no le hubiera gustado es “la despersonalización que aporta el profesionalismo”.
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