La vida de Miguel de la Quadra-Salcedo y Gayarre (1932–2016) es digna de una superproducción de Hollywood o al menos un biopic en Netflix o Amazon. Nacido en Madrid y siendo primogénito de un matrimonio acomodado que se trasladó a vivir a Pamplona cuando Miguel tenía cinco años. Estudió en el Colegio San Francisco Javier de los Jesuitas, se licenció como ingeniero agrónomo y fue reconocido como reportero de guerra (cubriendo entre otras la Guerra del Congo, Vietnam o Eritrea, el golpe de Estado de Pinochet en Chile o la muerte del Che Guevara), periodista de RTVE (con entrevistas recordadas como al Dalái Lama, Indira Gandhi, Salvador Allende, Pablo Neruda o el hermano del Che), presentador de televisión, protagonista de documentales sobre naturaleza enfocados en la selva amazónica haciendo equipo con Félix Rodríguez de la Fuente o César Pérez de Tudela, fundó y dirigió el programa de estudios Aventura 92 (conocido como Ruta Quetzal)… y un atleta de renombre internacional en los años 50.
Tan relevante que de no ser por modificaciones discutibles en el reglamento de la IAAF (World Athletics) habría sido recordman mundial de jabalina y quién sabe si plurimedallista mundial y olímpico. Esta es la increíble historia de la plusmarca mundial ‘fantasma’ de un español que rompió los registros lanzando el dardo más de 30 metros por encima de lo que nadie lo había hecho nunca. El dato inicial para poner en contexto su prodigiosa complexión física es decir que fue campeón de España en disco (51,00), peso (14,37) y martillo (49,25). Miguel, que fue olímpico en disco en los Juegos de Roma 1960… cita a la que fue en moto desde Pamplona turnándose como conductori y paquete con su hermano Estanislao, perteneció a la sección de atletimo del Real Madrid, consiguió nueve títulos de campeón de España (seis en disco, dos en peso y uno en martillo), batió 14 récords nacionales en entres estas tres disciplinas… pero su gran especialidad fue el lanzamiento de jabalina.
Entusiasta de su ídolo el aventurero Telémaco, estudioso de Cristóbal Colon, con el oficio de giróvago (persona que anda errante de un lugar a otro sin residencia fija) plasmado en su DNI y alma de Hércules, Miguel perfeccionó, junto a él, el la nueva técnica inventada por el palankari Félix Erausquin (27 veces campeón nacional entre barra vasca, jabalina, peso y disco), conocida como ‘estilo español’ o ‘la jabonosa’, que le permitió destrozar las plusmarcas conocidas. ¿En qué consistía? En lugar de la carrera en línea tradicional, el atleta realizaba giros sobre sí mismo como en la barra vasca (al estilo actual del disco, martillo o peso) antes de soltar la jabalina lo que aumentaba de forma drástica la velocidad y la fuerza centrífuga del artefacto. Para facilitar el lanzamiento, que se hacía por deslizamiento, y no quemarse las manos, el atleta se untaba las manos con una solución jabonosa.
Esa técnica hizo que 1956 fuera un año histórico para el atletismo. Y el 21 de septiembre, hace hoy 70 años, llevó el dardo hasta los 82,80; a 86 centímetros de la plusmarca de la época, en posesión del polaco Janus Sidlo (83,66). Faltaban apenas dos meses para los Juegos Olímpicos de Melbourne y la IAAF entró en pánico al ver cómo esa pareja de españoles estaba conquistando el mundo en exhibiciones improvisadas por las aldeas de España provistos únicamente de un cubo de hojalata lleno de agua jabonosa y una jabalina. El cénit llegó cuando en una de ellas, De la Cuadra-Salcedo reventó todo lo imaginable para humillar a los disciplinados deportistas nórdicos que dominaban la especialidad para enviar el dardo hasta… 112,30 metros. Casi 30 por encima de la plusmarca universal.
En un principio, la IAAF lo dio por válido y los medios internacionales empezaron a debatir sobre ello, pero la presión de los países nórdicos y de la propia organización de los Juegos de Melbourne hizo que el estilo fuera prohibido justo antes del encuentro olímpico, se modificó el reglamento de la jabalina (regla 58, párrafo 5, especificó que el lanzamiento no podía efectuarse de forma rotatoria) y todos los registros previos fueron anulados aduciendo que la técnica era peligrosa para espectadores y asistentes. La Federación Española de Atletismo presentó una enérgica protesta, pero que cayó en saco roto. Además, España finalmente boicoteó los Juegos y no asistió como protesta por la represión de la revolución húngara y el dúo español se quedó sin acudir a Melbourne, donde el noruego Egil Danielsen logró el oro lanzando 85,71. “Se prohibieron las vueltas y se obligó a que la punta de la jabalina estuviera mirando a la dirección del lanzamiento, pero estos cambios en los reglamentos nunca habían sido retroactivos y en cambio sí lo fueron en nuestro caso. Fue una injusticia”, recordaba Miguel muchos años después en ‘El Mundo’.
Años después, al alemán democrático Uwe Hohn vio también como un cambio de reglamento (se desplazó el centro de gravedad hacia la punta de la jabalina reduciendo el vuelo un 10% y cayendo con un ángulo más cerrado para clavarse antes en el césped) ‘borró’ dos años después el 104,80 que logró en 1984. La seguridad fue de nuevo el argumento… aunque las sospechas de dopaje del lanzador de Brandemburgo no provocaron mucho revuelo en forma de protesta. Tras esa nueva modificación, la plusmarca actual es del checo Jan Zelezny que envió el dardo hasta 98,48 en 1996.
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De la Quadra-Salcedo falleció en 2016 y dos años después se inauguró en las pistas de atletismo de la Universidad Complutense de Madrid una escultura en su honor que presencia en primera fila desde entonces, y ya van siete ediciones, el fabuloso memorial en su honor que nació casi como un acto de resistencia sentimental y que cada año, gracias al enorme trabajo y esfuerzo de apasionados como los miembros de la ‘Asociación de Amigos de la Pista de Ceniza’ o Álex Calabuig, supone un reencuentro con la esencia del atletismo amateur, entendido como pasión por la superación y la competición por sí misma. Miguel fue muchas cosas pero seguramente si hubiera tenido que elegir entre todas sus ocupaciones se habría definido como un atleta.
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